Notas de Elena | Sábado 15 de septiembre 2018 | Reclusión en Cesarea | Escuela Sabática

Sábado 15 de septiembre: Reclusión en Cesarea
En ocasión de la conversión de Pablo, el Señor había declarado que había de ser ministro a los gentiles… El ángel que le apareció a Ananías le había dicho de Pablo: “Instrumento escogido me es éste, para que lleve mi nombre en presencia de los Gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel” [Hechos 9:15]. Y Pablo mismo, más tarde en su vida cristiana, mientras oraba en el templo de Jerusalén, había sido visitado por un ángel del cielo, que le ordenó: “Ve, porque yo te tengo que enviar lejos a los gentiles” [Hechos 22:21].
Así el Señor había mandado a Pablo que entrase en el vasto campo misionero del mundo gentil. A fin de prepararlo para esta extensa y difícil tarea, Dios le había atraído en estrecha comunión consigo y había abierto ante su arrobada visión las bellezas y glorias del cielo. Se le había confiado el ministerio de hacer conocer el “misterio” que había estado “encubierto desde los tiempos eternos” [Romano 16:25]… el cual misterio en los otros siglos no se dio a conocer a los hijos de los hombres como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas en el Espíritu: Que los Gentiles sean juntamente herederos, e incorporados, y consortes de su promesa en Cristo por el evangelio: Del cual—declara Pablo,—yo soy hecho ministro [Efesios 1:9; 3:5-11] (Los hechos de los apóstoles, p. 129).
La gracia de Dios sostenía a Pablo en su encarcelamiento, habilitándolo para regocijarse en la tribulación. Con fe y convicción escribió a sus hermanos filipenses que su prisión había resultado en el adelantamiento del evangelio…
En esa experiencia de Pablo hay una lección para nosotros; nos revela la manera en que Dios obra. El Señor puede sacar victoria de lo que nos parece desconcierto y derrota. Estamos en peligro de olvidar a Dios, de mirar las cosas que se ven, en vez de contemplar con los ojos de la fe las cosas que no se ven. Cuando viene la desgracia o el infortunio, estamos listos para culpar a Dios de negligencia o crueldad. Si ve conveniente interrumpir nuestro servicio en alguna actividad, nos lamentamos, sin detenernos a reflexionar que así Dios puede estar obrando para nuestro bien. Necesitamos aprender que la corrección es parte de su gran plan y que bajo la ‘vara de la aflicción, el cristiano puede hacer, a veces, más por su Maestro que cuando está ocupado en el servicio activo (Los hechos de los apóstoles, p. 383).
No es la voluntad de Dios que su pueblo esté abrumado por el peso de la congoja. Pero tampoco nos engaña. No nos dice: “No temáis; no hay peligro en vuestro camino”. Él sabe que hay pruebas y peligros, y nos trata con franqueza. No se propone sacar a su pueblo de en medio de este mundo de pecado y maldad, pero le ofrece un refugio que nunca falla… “En el mundo —dice— tendréis tribulación; pero tened buen ánimo; yo he vencido al mundo” [Juan 16:33] (El camino a Cristo, p. 122).
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Escuela Sabática – lección 12 – Notas de Elena
Esta semana estudiaremos la lección 12 – Arresto en Jerusalén
Para el 22 de septiembre del 2018
Lecciones de Escuela Sabática – Tercer trimestre 2018
EL LIBRO DE HECHOS
Narración: Maira Fermin

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