Sábado 17 de mayo
La pregunta que el joven rico le hizo a Cristo tenía que ver con la totalidad de la vida, y en su respuesta él reveló el esquema de la redención. Le reveló el código moral de justicia, que el joven rico había pensado que lo había seguido plenamente. Al preguntar: ¿qué más me falta? deseaba mostrar que se sentía satisfecho con su moralidad, confiado en su piedad y, aunque no se consideraba perfecto, sentía que estaba muy cerca de serlo. La instrucción que pedía de Jesús tenía como propósito alcanzar la perfección por sí mismo. Cristo le mostró que estaba dependiendo de su propia justicia, y que lo que le faltaba era entender el verdadero propósito de la ley. El amor al yo y el amor al mundo eran las barreras que lo separaban de Cristo; barreras que solo Jesús podía remover. El joven rico no se conocía a sí mismo, ni había comprendido que idolatraba los tesoros terrenales. Se le ofreció la oportunidad de usar los talentos que se le habían confiado para bendecir a los necesitados y hacer su tesoro en el cielo.
También se le ofreció el privilegio de seguir al Maestro a quien él había llamado “bueno” y a quien verdaderamente admiraba. Al elegir quedarse con sus posesiones terrenales y poner en peligro la vida eterna, mostró cuán poco amaba a sus prójimos y cuánto amaba sus posesiones. Se fue triste. Prefirió sus propiedades antes que la compañía de Jesús; prefirió sus tesoros terrenales antes que los tesoros del cielo; amó más las cosas pasajeras de esta vida, que la vida eterna (Review and Herald, 28 de marzo de 1893).

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