Notas de Elena | Sábado 17 de septiembre 2016 | ¿Cómo esperaremos? | Escuela Sabática


Sábado 17 de septiembre

Se nos da esta palabra de ánimo: “No nos cansemos, pues, de hacer bien”, “creciendo en la obra del Señor siempre” (1 Corintios 15:58). Hay un mundo que salvar, una obra que hacer, que solo puede ser realizada por la proclamación del mensaje del evangelio. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). ¿No agradeceremos al Señor de corazón y alma por su don inefable? ¿No estaremos dispuestos a dedicar toda capacidad y talento a la obra de representar a Cristo delante del mundo?… Las “buenas obras” comenzarán a aparecer cuando la experiencia de arrepentimiento y conversión sea encamada en la vida… Al mostrar que nuestro carácter ha sido cambiado por creer en la verdad damos a conocer a los demás el poder transformador de la gracia de Dios (Reflejemos a Jesús, p. 279).
Si estáis viviendo a la luz de Cristo irradiaréis luz a esas pobres almas que están heladas en la vida religiosa. Con la justicia de Cristo cubriéndoos como un ropaje, ¡cuánto no podríais hacer para bendecir a otros!… Debéis tener un compañerismo con el Padre y con el Hijo, y crecer en el conocimiento de la perfección divina. Creceréis en reverencia, obtendréis confianza en la comunión con Dios. Mirando firmemente a Jesús creceréis en fe, y aprenderéis a desconfiar del yo, y apreciaréis estas palabras de Cristo: “Sin mí, nada podéis hacer” (Juan 15:5). Podéis tener un espíritu ferviente, y vuestro corazón radiante con el amor de Jesús. Permaneced en Cristo como el vástago en la vid. Extrayendo sustancia de la vid, seréis ramas florecientes, y llevaréis mucho fruto para la gloria de Dios. ¡Oh, necesitáis mucho contemplar fijamente a Jesús! Perseverad contemplando sus encantos. Mientras lo contempléis se mantendrán brillando y ampliándose hasta que seáis llenos con toda la plenitud de Dios, y llevéis mucho fruto para su gloria. El sarmiento está demasiado firmemente implantado en la cepa como para ser separado por cualquier viento. La fortaleza y el crecimiento vigoroso dicen al mundo que estáis arraigados en Jesús, que vuestro fundamento es seguro (Nuestra elevada vocación, p. 218).
Pablo trabajaba algunas veces noche y día, no solamente para su propio sostén, sino para poder ayudar a sus colaboradores. Compartía sus ganancias con Lucas, y ayudaba a Timoteo. Hasta sufría hambre a veces, para poder aliviar las necesidades de otros. La suya era una vida de abnegación. Hacia el fin de su ministerio, en ocasión de su discurso de despedida a los ancianos de Éfeso, en Mileto, pudo levantar ante ellos sus manos gastadas por el trabajo, y decir: “La plata, o el oro, o el vestido de nadie he codiciado. Antes, vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario, y a los que están conmigo, estas manos me han servido. En todo os he enseñado que, trabajando así, es necesario sobrellevar a los enfermos, y tener presente las palabras del Señor Jesús, el cual dijo: Más bienaventurada cosa es dar que recibir” (Hechos 20:33- 35) (Los hechos de los apóstoles, pp. 283, 284).

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