Notas de Elena | Sábado 18 de marzo 2017 | La obra del Espíritu Santo | Escuela Sabática


Sábado 18 de marzo
Podemos pedirle mucho a nuestro bondadoso Padre celestial. Grandes bendiciones hay en reserva para nosotros. Podemos creer en Dios, podemos confiar en él, y al hacerlo glorificar su nombre. Aun cuando seamos vencidos por el enemigo, no somos desechados ni abandonados ni rechazados por Dios. No; Cristo está a la diestra de Dios, e intercede por nosotros. “Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”…
No haga caso de los susurros del enemigo. Váyase libre, alma oprimida. Tenga buen ánimo. Digale a su pobre corazón desalentado: “Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío”. Salmos 43:5. Sé que Dios la ama. Ponga su confianza en él. No piense en las cosas que producen tristeza y tribulación; apártese de todo pensamiento desagradable, y piense en el precioso Jesús. Medite en su poder para salvar, en su infinito e incomparable amor por usted, sí, por usted. Sé que Dios la ama. Si no puede reposar en su propia fe, hágalo en la de otros. Creemos y esperamos en lugar de usted. Dios acepta nuestra fe en lugar de la suya…
El creer produce paz y gozo en el Espíritu Santo. El creer produce paz, y la confianza en Dios produce gozo. “¡Crea, crea -dice mi alma- crea!” Descanse en Dios. El es poderoso para guardar lo que usted le ha confiado. La hará más que vencedora por medio de aquel que la amó (Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 286).
El Consolador que Cristo prometió enviar después de ascender al cielo, es el Espíritu en toda la plenitud de la Divinidad, poniendo de manifiesto el poder de la gracia divina a todos los que reciben a Cristo y creen en él como un Salvador personal. Hay tres personas vivientes en el trío celestial; en el nombre de estos tres grandes poderes—el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo—son bautizados los que reciben a Cristo mediante la fe, y esos poderes colaborarán con los súbditos obedientes del cielo en sus esfuerzos por vivir la nueva vida en Cristo (El evangelismo, p. 446).
El Espíritu Santo, enviado en el nombre de Cristo, iba a enseñarles todas las cosas, y traería todas las cosas a su memoria. El Espíritu Santo era el representante de Cristo, el Abogado que está constantemente intercediendo por la raza caída. Él ruega porque pueda serles dado el poder espiritual, para que mediante el poder de Uno que es más poderoso que lodos los enemigos de Dios y del hombre, pudieran vencer a sus enemigos espirituales…
Quien conoce el fin desde el principio ha hecho provisión para el ataque de los agentes satánicos. Y él cumplirá su palabra a los fieles de cada época…
Él le ha asegurado que el Espíritu Santo fue dado para morar con usted, para interceder por usted y ser su guía. Le pide que confíe en él y se encomiende a su protección. El Espíritu Santo está obrando constantemente, enseñando, recordando, testificando, viniendo al alma como consolador divino, y convenciendo de pecado como un Juez y Guía designado…
Su obra es cooperar con Cristo, a fin de que usted sea completo en él. Al unirse a él por la fe, creyendo en él y recibiéndolo, usted se convierte en parte de él. Su carácter es la gloria de él revelada en usted (Reflejemos a Jesús, p. 121).

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