Sábado 19 de julio
Debemos reunimos en derredor de la cruz. Cristo y Cristo crucificado debe ser el tema de contemplación, conversación, y de la más gozosa emoción. Debemos realizar estas reuniones especiales con el propósito de mantener fresco en nuestro pensamiento todo lo que recibimos de Dios y expresar nuestra gratitud por su gran amor, nuestra disposición a confiárselo todo a la mano que fue clavada en la cruz por nosotros (Joyas de los testimonios, 1 .1, p. 275).
Satanás presentaba a Dios como un ser egoísta y opresor, que lo pedía todo y no daba nada, que exigía el servicio de sus criaturas para su propia gloria, sin hacer ningún sacrificio para su bien. Pero el don de Cristo revela el corazón del Padre. Testifica que los pensamientos de Dios hacia nosotros son “pensamientos de paz, y no de mal”. Declara que aunque el odio que Dios siente por el pecado es tan fuerte como la muerte, su amor hacia el pecador es más fuerte que la muerte. Habiendo emprendido nuestra redención, no escatimará nada, por mucho que le cueste, de lo que sea necesario para la terminación de su obra. No se retiene ninguna verdad esencial para nuestra salvación, no se omite ningún milagro de misericordia, no se deja sin empleo ningún agente divino. Se acumula un favor sobre otro, una dádiva sobre otra. Todo el tesoro del cielo está abierto a aquellos a quienes él trata de salvar. Habiendo reunido las riquezas del universo, y abierto los recursos de la potencia infinita, lo entrega todo en las manos de Cristo y dice: Todas estas cosas son para el hombre.
Úsalas para convencerlo de que no hay mayor amor que el mío en la Tierra o en el cielo. Amándome hallará su mayor felicidad.
En la cruz del Calvario, el amor y el egoísmo se encontraron frente a frente. Allí fue hecha su manifestación culminante. Cristo había vivido tan solo para consolar y bendecir, y al darle muerte, Satanás manifestó la perversidad de su odio contra Dios.
Hizo evidente que el propósito verdadero de su rebelión era destronar a Dios, y destruir a Aquel por quien el amor de Dios se manifestaba (El Deseado de todas las gentes, p. 39, 40).

(239)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*