Notas de Elena | Sábado 19 de noviembre 2016 | Indicios de esperanza | Escuela Sabática


Sábado 19 de noviembre
“El que me ama, será amado de mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él”. Jesús leía el futuro de sus discípulos. Veía a uno llevado al cadalso, otro a la cruz, otro al destierro entre las solitarias rocas del mar, otros a la persecución y la muerte. Los animó con la promesa de que en toda prueba estaría con ellos. Esta promesa no ha perdido nada de su fuerza. El Señor sabe todo lo relativo a los fieles siervos suyos que por su causa están en la cárcel o desterrados en islas solitarias. Él los consuela con su propia presencia. Cuando por causa de la verdad, el creyente está frente a tribunales inicuos, Cristo está a su lado. Todos los oprobios que caen sobre él, caen sobre Cristo. Cristo vuelve a ser condenado en la persona de su discípulo. Cuando uno está encerrado entre las paredes de la cárcel, Cristo arroba el corazón con su amor. Cuando uno sufre la muerte por causa suya, Cristo dice: “Yo soy… el que vivo, y he sido muerto; y he aquí que vivo por siglos de siglos… Y tengo las llaves del infierno y de la muerte”. La vida que es sacrificada por mí se conserva para llegar a disfrutar la gloria eterna.
En toda ocasión y lugar, en todas las tristezas y aflicciones, cuando la perspectiva parece sombría y el futuro nos deja perplejos y nos sentimos impotentes y solos, se envía el Consolador en respuesta a la oración de fe. Las circunstancias pueden separamos de todo amigo terrenal, pero ninguna circunstancia ni distancia puede separamos del Consolador celestial. Dondequiera que estemos, dondequiera que vayamos, está siempre a nuestra diestra para apoyamos, sostenemos y animamos (El Deseado de todas las gentes, p. 623).
Las vicisitudes más difíciles de la vida cristiana deberían ser las que proporcionen mayores bendiciones. Las providencias especiales recibidas en las horas lóbregas deben animar al alma en los futuros ataques de Satanás, y deben aparejar al siervo de Dios para que permanezca firme en las fieras pruebas. La prueba de vuestra fe es más preciosa que el oro. Debéis tener esa confianza en Dios que no es perturbada por las tentaciones y los argumentos del engañador. Confiad en la palabra del Señor… La fe familiariza al alma con la existencia y la presencia de Dios (A fin de conocerle, p. 259).
Escuela Sabática | Lección 9 | Para el 26 de noviembre de 2016 | Indicios de esperanza | El libro de Job | Cuarto trimestre 2016 | Guía de Estudio de la Biblia – Maestros – Alumnos | Iglesia Adventista del Séptimo Día

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