Sábado 20 de diciembre
Hay esperanza para el pecador. Cristo levantado en la cruz del Calvario es esa esperanza. La misericordia ha provisto la víctima que la justicia exigía por la transgresión humana. Mediante los méritos de Cristo, Dios puede perdonar el pecado y justificar a los que creen en Jesús. ¡Esta preciosa verdad es de inestimable valor para cada alma arrepentida! ¿No deberíamos procurar captar, tanto como nos sea posible, el hecho de que si creemos en Jesús, el Señor nos perdona aunque seamos pecadores, ignorantes y errantes, y nos ama como a su propio Hijo? En el momento en que pedimos perdón con contrición y sinceridad, Dios nos perdona. ¡Oh, qué gloriosa verdad! Prediquémosla, cantémosla, elevémosla en nuestras oraciones ¡Elevemos al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo! Digámosle a la gente: “¡He aquí el Hombre del Calvario!” Dios está esperando para perdonar a todos los que vienen a él sinceramente arrepentidos (Signs of the Times, 4 de septiembre de 1893).
El plan de redención no es solo una forma de escapar del castigo de la transgresión, sino que el pecador recibe el perdón de sus pecados por medio de ese plan, y finalmente será recibido en el cielo; pero no como un delincuente que es perdonado y dejado en libertad y que sin embargo es objeto de desconfianza y no se le brinda amistad ni se le tiene fe, sino que se le da la bienvenida como a un hijo y se le da de nuevo la más plena confianza.
El sacrificio de nuestro Salvador ha hecho amplia provisión para cada alma arrepentida y creyente. Somos salvos porque Dios ama lo que ha sido comprado con la sangre de Cristo, y no solo perdonará al pecador arrepentido, no solo le permitirá entrar en el cielo, sino que él, el Padre de misericordia, aguardará en los mismos portales del cielo para darnos la bienvenida, para darnos una amplia entrada en las mansiones de los bienaventurados. ¡Oh, qué amor, qué maravilloso amor ha mostrado el Padre en la dádiva de su amado Hijo por esta raza caída! Y este sacrificio es un canal para que fluya su amor infinito, para que todo el que cree en Jesucristo pueda recibir, como el hijo pródigo, plena y gratuita reintegración al favor del cielo (Comentario bíblico adventista, t. 7, p. 962).
http://escuelasabatica.es/

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