Sábado 24 de enero

Dios ha llamado a su pueblo para que alcancen gloria y virtud, y éstas se manifestarán en la vida de cuantos estén verdaderamente rela¬cionados con él. Habiéndoseles permitido participar del don celestial, deben seguir dirigiéndose hacia la perfección, siendo “guardados en la virtud de Dios por fe” (1 Pedro 1:5). La gloria de Dios consiste en otorgar su poder a sus hijos. Desea ver a los hombres alcanzar la más alta norma: y serán hechos perfectos en él cuando por fe echen mano del poder de Cristo, cuando recurran a sus infalibles promesas reclamando su cumplimiento, cuando con una importunidad que no admita rechaza¬miento, busquen el poder del Espíritu Santo.
Habiendo recibido la fe del evangelio, la siguiente obra del creyente es añadir virtud a su carácter y así limpiar el corazón y preparar la mente para la recepción del conocimiento de Dios. Este conocimiento es el fundamento de toda verdadera educación y de todo verdadero servicio. Es la única real salvaguardia contra la tentación; y solamente eso puede hacerle a uno semejante a Dios en carácter. Por medio del conocimiento de Dios y de su Hijo Jesucristo, se imparten a los creyentes “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad”. Ningún buen don se niega al que sinceramente desea obtener la justicia de Dios (Los hechos de los apóstoles, p. 423).
Lo que hace que la vida sea un éxito es la atención consciente que se le da a lo que el mundo llama las “cosas pequeñas”. Las pequeñas obras de caridad, los pequeños actos de abnegación, el pronunciar sencillas palabras de ayuda, estar alerta contra los pecados pequeños: esto es el cristianismo. El reconocimiento agradecido de las bendiciones cotidianas, el mejoramiento sabio de las oportunidades diarias, el cultivo diligente de los talentos que se nos han confiado: esto es lo que el Maestro espera de nosotros.
El que desempeña fielmente los deberes pequeños estará preparado para responder a las demandas de las responsabilidades mayores. La persona bondadosa y cortés en la vida de cada día, generosa y paciente con su familia, cuyo objetivo constante es procurar la felicidad del hogar, será la primera en negarse a sí misma y hacer sacrificios cuando el Maestro se lo pida (Exaltad a Jesús, p. 340).
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