Notas de Elena | Sábado 24 de marzo 2018 | Los resultados de la mayordomía | Escuela Sabática

Sábado 24 de marzo
Dios espera de los que llevan el nombre de Cristo, que lo representen… Han de ser un pueblo santo, santificado, purificado, que comunica la luz a todos los que encuentran…
Lo que mucho necesitamos es el poder de una vida más elevada, más pura y más noble. El mundo está observando para ver qué frutos llevan los que profesan ser cristianos… En la mente de todos aquellos con quienes debemos tratar, se están haciendo constantemente impresiones favorables o no de la religión de la Biblia.
Y Dios y los ángeles están observando. El desea que sus hijos demuestren por su vida la ventaja que sobre la mundanalidad tiene el cristianismo; que demuestren que están trabajando en un plano elevado y santo. El anhela verlos manifestar que la verdad recibida los ha hecho hijos del Rey celestial. Anhela hacerlos conductos por los cuales pueda derramar su ilimitado amor y misericordia (¡Maranata: el Señor viene!, p. 110).
No hemos de vivir una vida de reclusión. Debemos hacer a los [no creyentes] mundanos todo el bien que esté a nuestro alcance. Cristo nos dio un ejemplo de ello. Cuando los publícanos y pecadores lo invitaban a comer, no rehusaba; porque de ninguna otra manera que tratándose con ellos podía alcanzar esta clase. Pero en toda ocasión… les presentaba temas de conversación que atraían su atención a cosas de interés eterno. Y él nos recomienda: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Obreros evangélicos, p. 409).
Ahora parece que pasáramos inadvertidos, pero no será siempre así.
Están obrando movimientos que nos pondrán sobre el tapete, y si nuestras teorías de la verdad pueden ser desmenuzadas por los historiadores o los más grandes hombres del mundo, eso será hecho.
Cada uno debe saber individualmente qué es la verdad, y estar preparado para dar razón de la esperanza que tiene, con mansedumbre y reverencia, no con orgullo, jactancia o suficiencia propia, sino con el Espíritu de Cristo. Nos acercamos al tiempo cuando nos encontraremos solos para responder de nuestras creencias (El evangelismo, p. 55).
Nadie debe apresurarse a entrar en polémicas, sino que debe contar la sencilla historia del amor de Jesús. Todos deben escudriñar constantemente las Escrituras, de manera que, si se les preguntara, pudieran “responder con mansedumbre y reverencia a cada uno que… demande razón de la esperanza” que hay en ellos…
Si se lo pone al trabajo, el desalentado pronto olvidará su desaliento, el débil se hará fuerte, el ignorante inteligente, y todos estarán preparados para presentar la verdad como es en Jesús. Encontrarán un auxilio infalible en Aquel que ha prometido salvar a todos los que vienen a él (El evangelismo, p. 261).

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