Notas de Elena | Sábado 26 de agosto 2017 | Los dos pactos | Escuela Sabática

Sábado 26 de agosto
El espíritu de servidumbre se engendra cuando se procura vivir de acuerdo con una religión legal, mediante esfuerzos para cumplir las demandas de la ley por nuestra propia fuerza. Solo hay esperanza para nosotros cuando nos ponemos bajo el pacto hecho con Abraham, que es el pacto de gracia por la fe en Cristo Jesús. El evangelio predicado a Abraham, por medio del cual tuvo esperanza, es el mismo evangelio que nos es predicado a nosotros hoy, mediante el cual tenemos esperanza. Abraham contempló a Jesús, quien es también el Autor y Consumador de nuestra fe (Comentarios de Elena G. de White, en Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1077).
El Antiguo y el Nuevo Testamento son inseparables pues ambos son las enseñanzas de Cristo. La doctrina de los judíos, que solo aceptan el Antiguo Testamento, no es para salvación, pues rechazan al Salvador cuya vida y ministerio eran un cumplimiento de la ley y las profecías. Y la doctrina de los que descartan el Antiguo Testamento no es para salvación porque rechaza lo que es el testimonio directo de Cristo. Los escépticos comienzan menospreciando al Antiguo Testamento, y no se necesita sino un paso más para negar la validez del Nuevo Testamento, y ambos son rechazados (Comentarios de Elena G. de White, en Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1069).
Miles están cometiendo el mismo error que los fariseos a quienes Cristo reprendió en el festín de Mateo. Antes que renunciar a alguna idea que les es cara, o descartar algún ídolo de su opinión, muchos rechazan la verdad que desciende del Padre de las luces. Confían en sí mismos y dependen de su propia sabiduría, y no comprenden su pobreza espiritual. Insisten en ser salvos de alguna manera por la cual puedan realizar alguna obra importante. Cuando ven que no pueden entretejer el yo en esa obra, rechazan la salvación provista.
Una religión legal no puede nunca conducir las almas a Cristo, porque es una religión sin amor y sin Cristo. El ayuno o la oración motivada por un espíritu de justificación propia, es abominación a Dios… Nuestras propias obras no pueden nunca comprar la salvación (El Deseado de todas las gentes, p. 246).
[Después de la muerte de Abel] Adán tuvo otro hijo que debía ser el heredero de la promesa divina, el heredero de la primogenitura espiritual. El nombre dado a este hijo, Set, significa “señalado” o “compensación”… Set aventajaba en estatura a Caín y Abel, y se parecía a su padre Adán más que sus otros hermanos. Tenía un carácter digno, y seguía las huellas de Abel. Sin embargo, no había heredado más bondad natural que Caín… En tanto que Adán había sido creado sin pecado, a la semejanza de Dios, Set, así como Caín, heredó la naturaleza caída de sus padres. Pero recibió también el conocimiento del Redentor, e instrucción acerca de la justicia. Mediante la gracia divina sirvió y honró a Dios; y trabajó, como Abel lo hubiera hecho, de haber vivido, por cambiar las mentes pecaminosas de los hombres y encauzarlas a reverenciar y obedecer a su Creador (Patriarcas y profetas, p. 66).

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