Notas de Elena | Sábado 26 de marzo 2016 | Hijo de David | Escuela Sabática
26 DE MARZO
HIJO DE DAVID
Jesús murió para salvar a su pueblo de sus pecados, y la redención en Cristo significa cesar de transgredir la ley de Dios y liberarse de todo pecado; ningún corazón que está agitado de enemistad contra la ley de Dios está en armonía con Cristo, quien sufrió en el Calvario para vindicar y exaltar la ley delante del universo …
Si bien debemos estar en armonía con la ley de Dios, no somos salvados por las obras de la ley; sin embargo, no podemos ser salvados sin obediencia. La ley es la norma por la cual se mide el carácter. Pero no nos es posible guardar los mandamientos de Dios sin la gracia regeneradora de Cristo. Solo Jesús puede limpiamos de todo pecado. Él no nos salva mediante la ley, pero tampoco nos salvará en desobediencia a la ley.
Nuestro amor a Cristo será proporcional a la profundidad de nuestra convicción de pecado, y por medio de la ley es el conocimiento del pecado. Pero, cuando nos observamos a nosotros mismos, fijemos la mirada en Jesús, quien se dio a sí mismo por nosotros a fin de redimirnos de toda iniquidad. Mediante la fe apropiémonos de los méritos de Cristo, y la sangre purificadora del alma será aplicada (Fe y obras, pp. 98, 99).
Tan pronto como San Mateo oyó el llamamiento del Salvador, se levantó de inmediato, dejó todo y lo siguió. Tan pronto como la palabra divina viene a nuestros corazones, Dios desea que la recibamos, y es lo correcto aceptarla con gozo. Hay “gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente”. Y hay gozo en el alma que cree en Cristo (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 27, 28).
En su agradecida humildad, Mateo deseaba mostrar su aprecio por el honor que se le había concedido; y, reuniendo a los que habían sido sus asociados en los negocios, en el placer y en el pecado, hizo una gran fiesta para el Salvador. Si Jesús lo llamaba a pesar de ser tan pecador e indigno, seguramente aceptaría a sus anteriores compañeros quienes, según pensaba Mateo, eran mucho más merecedores que él. Mateo tenía un gran anhelo de que ellos compartiesen los beneficios de la misericordia y gracia de Cristo. Deseaba que ellos supiesen que Cristo no despreciaba ni odiaba a los publicanos y pecadores. Quería que ellos conocieran a Cristo como el bendito Salvador. ..
Los fariseos vieron a Cristo visitando a los publicanos y pecadores y comiendo con ellos … Esos hombres que pretendían ser justos, que no sentían necesidad de ayuda, no podían apreciar la obra de Cristo.
Se colocaban donde no podían aceptar La salvación que había venido a traer. Ellos no acudían a él para poder tener vida. Los pobres publicanos y pecadores sentían su necesidad y aceptaban la instrucción y la ayuda que sabían que Cristo podía darles.
Para Mateo mismo, el ejemplo de Jesús en el banquete fue una constante Lección. El publicano despreciado vino a ser uno de los evangelistas más consagrados, y en su propio ministerio siguió muy de cerca las pisadas del Maestro (Conflicto y valor, p. 284).

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