Notas de Elena | Sábado 3 de diciembre 2016 | Desde un torbellino | Escuela Sabática


Sábado 3 de diciembre
Las leyes de Dios para la naturaleza son obedecidas por la naturaleza. Las nubes y los vendavales, el sol y las lloviznas, el rocío y la lluvia, están bajo la supervisión de Dios y obedecen sus mandatos. En obediencia a la ley de Dios, el brote del trigo se abre paso en la tierra, “primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga” (S. Marcos 4:28). El fruto se ve por primera vez en forma de capullo, y el Señor lo hace desarrollar en sazón porque no resiste su obra. De la misma manera, las aves cumplen el propósito de Dios al hacer sus largas migraciones de país en país, guiadas a través del espacio libre por la mano de un poder infinito,
¿Será que el hombre, hecho a la imagen de Dios, dotado de raciocinio y de habla, es el único que no muestra agradecimiento por sus dones y que desobedece sus leyes? ¿Se contentarán aquellos que pudieran ser realzados y ennoblecidos, capacitados para ser colaboradores suyos, con permanecer imperfectos de carácter y causar la confusión en nuestro mundo?…
Dios desea que aprendamos de la naturaleza la lección de la obediencia. “En efecto, pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán; a las aves de los cielos, y ellas te lo mostrarán; o habla a la tierra, y ella te enseñará; los peces del mar te lo declararán también. ¿Qué cosa de todas estas no entiende que la mano de Jehová la hizo?” “Con Dios está la sabiduría y el poder; suyo es el consejo y la inteligencia” (Job 12:79, 13)…
El libro de la naturaleza y la palabra escrita se iluminan mutuamente. Ambas nos ayudan a conocer mejor a Dios instruyéndonos acerca de su carácter y de las leyes por medio de las cuales obra (Testimonios para la iglesia, t. 8, pp. 342, 343).
El águila de los Alpes es a veces arrojada por la tempestad a los estrechos desfiladeros de las montañas. Las nubes tormentosas cercan a esta poderosa ave del bosque y con su masa oscura la separan de las alturas asoleadas donde ha construido su nido. Los esfuerzos que hace para escapar parecen infructuosos. Se precipita de aquí para allá, bate el aire con sus fuertes alas y despierta el eco de las montañas con sus gritos. Al fin se eleva con una nota de triunfo y, atravesando las nubes, se encuentra una vez más en la claridad solar, por encima de la oscuridad y la tempestad. Nosotros también podemos hallamos rodeados de dificultades, desaliento y oscuridad. Nos cerca la falsedad, la calamidad, la injusticia. Hay nubes que no podemos disipar. Luchamos en vano con las circunstancias. Hay una vía de escape, y tan solo una. Las neblinas y brumas cubren la tierra; más allá de las nubes brilla la luz de Dios. Podemos elevamos con las alas de la fe hasta la región de la luz de su presencia {La educación, pp. 118, 119).
Las leyes obedecidas por la tierra revelan el hecho de que ella está bajo el dominio magistral de un Dios infinito. Los mismos principios rigen en el mundo espiritual y el natural. El Autor de la naturaleza es el Autor de la Biblia. La creación y el cristianismo tienen un solo Dios (Consejos para los maestros, p. 381).
Escuela Sabática | Lección 11 | Para el 10 de diciembre de 2016 | Desde un torbellino | El libro de Job | Cuarto trimestre 2016 | Guía de Estudio de la Biblia – Maestros – Alumnos | Iglesia Adventista del Séptimo Día

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