Notas de Elena | Sábado 30 de mayo 2015 | Seguir a Jesús en la vida diaria | Escuela Sabática
Sábado 30 de mayo
Ahora, hermanos, ustedes se han adiestrado de tal manera en dudas e interrogantes que tienen que educar sus almas en la línea de la fe. Tienen que hablar de la fe, vivir la fe, actuar por fe, para que puedan crecer en la fe. Ejercitando esa fe viviente, crecerán hasta ser hombres y mujeres fuertes en Cristo Jesús… Él quiere que ustedes estén llenos de gozo, llenos de la bendición de Dios, a fin de que conozcan la longitud y la anchura y la altura y la profundidad del amor de Dios, que excede todo conocimiento (Fe y obras, pp. 79, 80).
“Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). La verdadera conversión, la verdadera santificación, causarán el cambio de nuestras opiniones y sentimientos mutuos y hacia Dios. “Nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él” (versículo 16). Debemos acrecentar nuestra fe. Debemos conocer la santificación del Espíritu. Debemos buscar a Dios con oración ferviente, para que el Espíritu divino pueda obrar en nosotros. Dios entonces será glorificado por el ejemplo del agente humano. Seremos entonces colaboradores con Dios (Mensajes selectos, tomo 3, p. 228).
Cuando el alma verdaderamente convertida disfruta del amor de Dios, siente su obligación de llevar el yugo de Cristo y trabajar en armonía con él. El Espíritu de Jesús descansa sobre él. Revela el amor, la piedad y la compasión del Salvador, porque es uno con Cristo. Anhela llevar a otros a Jesús. Su corazón se deshace de ternura al ver el peligro de las almas que están fuera de Cristo. Cuida de las almas como uno que ha de dar cuenta. Con invitaciones y ruegos mezclados con manifestaciones relativas a la seguridad de las promesas de Dios, trata de ganar a las almas para Cristo; y esto se registra en los libros de memoria. Es un obrero juntamente con Dios.
¿No es Dios el verdadero objeto de imitación? Debe ser la obra de la vida del cristiano vestirse de Cristo, y alcanzar una mayor semejanza a Cristo. Los hijos e hijas de Dios han de progresar en su semejanza a Cristo, nuestro modelo. Diariamente han de contemplar su gloria, han de observar su excelencia incomparable (Testimonios para los ministros, pp. 119, 120).

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