Sábado 4 de octubre

Cristo mora con aquel que lo recibe por fe. Aunque las pruebas pueden llegar al alma, la presencia del Señor continúa con nosotros. La zarza ardiente con la presencia del Señor no se consumía; el fuego no destruía las ramas. Así ocurre con el débil ser humano que pone su confianza en Cristo. El homo de fuego de la tentación puede quemar; las pruebas y la persecución pueden aparecer, pero solo la escoria será consumida. El oro será más brillante por el proceso de purificación. El que controla el corazón de los fieles es más grande que el que controla a los incrédulos. No nos quejemos amargamente de las pruebas que debemos soportar sino fijemos nuestros ojos en Cristo quien revistió su divinidad de humanidad para poder identificarse con la sufriente humanidad. Él bebió la amarga copa, fue afligido con nuestras mismas aflicciones, y fue hecho perfecto mediante el sufrimiento; fue tentando en todo como la humanidad es tentada, para que pudiera socorrer a los que son tentados. Él dice: “Haré más precioso que el oro fino al varón, y más que el oro de Ofir al hombre” (Isaías 13:12). Al morar en el alma y darle su Santo Espíritu, la hará más preciosa que el oro (Signs of the Times, 5 de marzo de 1896).
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