Sábado 5 de julio
El sufrimiento y la muerte de Cristo le dan al creyente que confía en él una eterna base de seguridad. Tomó la naturaleza humana; se hizo carne como nosotros; tenía hambre y sed y cansancio; se sostenía mediante la comida y el descanso. Sus afectos eran humanos; lloraba con los sufrimientos de otros y se lamentaba por la impenitencia de Jerusalén. Mientras estuvo en el mundo fue completamente humano a fin de ser un representante de la familia humana. Fue tentado en todo como nosotros para ser capaz de socorrer a los que son tentados. Como Príncipe de vida se enfrentó, en carne humana, con el príncipe de las tinieblas y pasó la prueba en la que Adán había fracasado. Enfrentó cada posible tentación que la humanidad caída debe enfrentar, pero salió vencedor.
Si no hubiera sido plenamente humano no hubiese podido ser nuestro sustituto, ni hubiera mostrado esa perfección de carácter que es nuestro privilegio alcanzar. Fue la vida y la luz del mundo, para que los seres humanos no tuvieran que estar bajo el control de las agencias satánicas. Su naturaleza humana era dependiente del Omnipotente para vivir, así como cada miembro de la familia humana tiene el privilegio de hacer. Cristo no hizo nada que los seres humanos no puedan hacer dependiendo de la naturaleza divina (Signs of the Times, 17 de junio de 1897).
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