Notas de Elena | Sábado 7 de octubre 2017 | El conflicto | Escuela Sabática

Sábado 7 de octubre
El que quiera llegar a ser hijo de Dios, debe recibir la verdad que enseña que el arrepentimiento y el perdón han de obtenerse nada menos que mediante la expiación de Cristo. Asegurado de esto, el pecador debe realizar un esfuerzo en armonía con la obra hecha para él y con una súplica incansable, debe acudir al trono de gracia para que el poder renovador de Dios llegue hasta su alma. Cristo únicamente perdona al arrepentido, pero primero hace que se arrepienta aquel a quien perdona. La provisión hecha es completa y la justicia eterna de Cristo es acreditada a cada alma creyente…
Se ha dispuesto gracia abundante para que el alma creyente pueda ser preservada del pecado, pues todo el cielo, con sus recursos ilimitados, ha sido colocado a nuestra disposición. Hemos de extraer del pozo de la salvación (Mensajes selectos, t. 1, p. 461).
Todos los que estudian la Palabra con el firme propósito de quitar el pecado de su vida, y que escudriñan las Escrituras para aprender qué es verdad, recibirán la verdad de la Palabra como un “así dice Jehová”. Se arrepentirán ante los severos reproches de la verdad bíblica… El que siembra verdadero arrepentimiento, cosechará la recompensa de las buenas obras. Si persiste en la fe cosechará paz. Si es santificado y limpiado de su apetito por lo corriente y mundano cosechará… justicia y amor perfecto. La persistencia en hacer el bien y en la superación lo hará victorioso cada día porque mantiene continuamente ante sí la marca de la perfección de Cristo (That IMay Know Him, p. 281; parcialmente en A fin de conocerle, p. 280).
La fe que obra por amor y purifica el alma, no hallaba donde unirse con la religión de los fariseos, compuesta de ceremonias y de órdenes humanas. El esfuerzo de aunar las enseñanzas de Jesús con la religión establecida sería vano. La verdad vital de Dios, como el vino en fermentación, reventaría los viejos y decadentes odres de la tradición farisaica…
Jesús señaló el poder que la falsa enseñanza tiene para destruir el aprecio y el deseo de la verdad. “Ninguno —dijo él—, que bebiere del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor”. Toda la verdad que había sido dada al mundo por los patriarcas y los profetas resplandecía con nueva belleza en las palabras de Cristo. Pero los escribas y fariseos no deseaban el precioso vino nuevo. Hasta que no se vaciasen de sus viejas tradiciones, costumbres y prácticas, no tenían en su mente o corazón lugar para las enseñanzas de Cristo. Se aferraban a las formas muertas, y se apartaban de la verdad viva y del poder de Dios…
Una religión legal no puede nunca conducir las almas a Cristo, porque es una religión sin amor y sin Cristo. El ayuno o la oración motivada por un espíritu de justificación propia, es abominación a Dios… Nuestras propias obras no pueden nunca comprar la salvación (El Deseado de todas las gentes, pp. 244-246).

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