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Viernes 2 de diciembre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: En un análisis con respecto al tema de la fe y la razón, el autor John Hedley Brooke escribió acerca del filósofo alemán Emanuel Kant (1724-1804) y su intento de entender los límites del conocimiento humano, especialmente en lo que respecta a las acciones de Dios. Para Kant, “la cuestión de justificar los caminos de Dios para el hombre es asunto de fe, no de conocimiento. Como ejemplo de una posición auténtica frente a la adversidad, Kant escogió a Job, que había perdido todo menos una conciencia clara. Sometiéndose ante un decreto divino, él estuvo bien en resistir el consejo de amigos que procuraron racionalizar su desgracia. La fortaleza de la posición de Job consistía en saber ahora lo que antes no sabía: lo que Dios pensó que estaba haciendo al acumular desgracias sobre él”.–Science and Religion, pp. 207, 208. Estos hombres en el libro de Job, incluido Eliú, pensaron que podían explicar lo que le sucedía a Job con una sencilla relación de causa y efecto. La causa fue el pecado de Job; el efecto, sus sufrimientos. ¿Qué podía ser más claro, teológicamente sólido y racional que eso? Sin embargo, su razonamiento estaba equivocado, un poderoso ejemplo del hecho de que la realidad, y el Dios que creó y sostiene esa realidad, no necesariamente siguen nuestra comprensión de cómo opera Dios y funciona el mundo que él creó.
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Como vimos, en los largos discursos acerca de la miserable situación de Job y su causa, no se mencionó al diablo ni una sola vez. ¿Por qué fue esto? ¿Qué nos dice acerca de cuán limitados eran estos hombres en su comprensión, a pesar de todas las verdades que conocían? ¿Qué es lo que su ignorancia podría enseñarnos acerca de la nuestra, a pesar de todas las verdades que tenemos?
2. “Cuando nosotros mismos nos encargamos de manejar las cosas que nos conciernen, confiando en nuestra propia sabiduría para salir airosos, asumimos una carga que él no nos ha dado, y tratamos de llevarla sin su ayuda. […] Cuando creamos realmente que Dios nos ama y quiere ayudarnos, dejaremos de acongojarnos por el futuro. Confiaremos en Dios así como un niño confía en un padre amante. Entonces, desaparecerán todos nuestros tormentos y dificultades; porque nuestra voluntad quedará absorbida por la voluntad de Dios” (DMJ 85). ¿De qué forma podemos aprender esta clase de confianza y fe? Es decir, ¿qué elecciones hemos de hacer ahora que harán que nuestra fe sea más fuerte o más débil?
Escuela Sabática | Lección 10 | Para el 3 de diciembre de 2016 | La ira de Eliú | El libro de Job | Cuarto trimestre 2016 | Guía de Estudio de la Biblia – Maestros – Alumnos | Iglesia Adventista del Séptimo Día

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