NOTAS DE ELENA 2013

Sábado 5 de enero
El Soberano del universo no estaba solo en su obra benéfica. Tuvo un compañero, un colaborador que podía apreciar sus designios, y que podía compartir su regocijo al brindar felicidad a los seres crea-dos. “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Éste era en el principio con Dios” (Juan 1:1, 2). Cristo, el Verbo, el Unigénito de Dios, era uno solo con el Padre eterno, uno solo en naturaleza, en carácter y en propósitos; era el único ser que podía penetrar en todos los designios y fines de Dios. “Y llamaráse su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz”. “Sus salidas son desde el principio, desde los días del siglo” (Isaías 9:6; Miqueas 5:2). Y el Hijo de Dios, hablando de sí mismo, declara: “Jehová me poseía en el principio de su camino, ya de anti-guo, antes de sus obras. Eternamente tuve el principado… Cuando establecía los fundamentos de la tierra; con él estaba yo ordenándolo todo; y fui su delicia todos los días, teniendo solaz delante de él en todo tiempo” (Proverbios 8:22-30).
El Padre obró por medio de su Hijo en la creación de todos los se-res celestiales. “Porque por él fueron criadas todas las cosas… sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue criado por él y para él” (Colosenses 1: 16) (Patriarcas y profetas, p. 12).

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