Mujeres¡El Señor es rey! ¡Regocíjese la tierra!

¡Alégrense las costas más remotas! […]

Porque tú eres el Señor Altísimo, por encima de toda la tierra.

¡Tú estás muy por encima de todos los dioses!

Salmo 97:1, 9

 

Era un sábado a la puesta de sol; acababa de pasar un día hermoso en comunión con Dios y con mis hermanas en un congreso de mujeres. Nos dirigimos, entonando cantos, hacia la playa; íbamos con los pies descalzos y la brisa marina nos acariciaba el rostro. Teníamos planes de terminar el sábado y comenzar la semana unidas en oración frente al mar. El entorno no podría haber sido mejor.

Respiré hondo y el olor a sal y a mar llenó mis pulmones. Me sentí agradecida a Dios por el enorme privilegio de permitirme estar allí. Sin embargo, él tenía un regalo aún más hermoso para todas nosotras. Cuando levantamos la vista hacia el horizonte pudimos ver la danza más extraordinaria que jamás habíamos visto ninguna de nosotras. Un grupo de delfines, uno tras otro en perfecta formación, se sumergían y emergían en las olas ondulantes del mar; y no únicamente eso, sino que un canto extraño y misterioso se dejaba escuchar en medio del sonido de las olas al atardecer. ¡Los delfines estaban cantando! Qué extraordinario…

Pensé por un momento en el inmenso mundo que Dios ha creado y en el honor que se nos ha concedido de formar parte de él. También me vinieron a la mente los miles de seres humanos que prefieren los placeres mundanos que cautivan los sentidos, esclavizan y enferman, en lugar de las experiencias sanas y naturales como la que yo estaba viviendo. Lo sublime, lo bello, lo inefable de la creación de Dios estaba al alcance de mis ojos para que yo pudiera verlo, y un poder infinitamente restaurador llenó cada célula de mi cuerpo. Casi pude tocar la mano de Dios.

Amiga, no permitas que la parte sombría de la vida de pecado te atrape. Levanta los ojos y observa cómo las nubes danzan en el cielo haciendo figuras caprichosas; escucha a la naturaleza alabar a Dios en un concierto de pájaros cantores; siente la suave textura de un pétalo de rosa y deja que el Señor se acerque a tu corazón.

Ponte a tono con la naturaleza y, ¡alaba, alaba, alaba a tu Creador, porque eres la criatura más hermosa de la maravillosa creación de Dios!

 

LECTURAS DEVOCIONALES PARA LA MUJER

ALIENTO PARA CADA DÍA

Por: Erna  Alvarado

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