Sábado 18 de abril 2015 | Devoción Matutina para Adultos 2015 | No remuevas los linderos antiguos que pusieron tus padres

“Descendió Sansón a Timnat y vio allí a una mujer de las hijas de los filisteos. Regresó entonces y lo contó a su padre y a su madre, diciendo: ‘He visto en Timnat una mujer de las hijas de los filisteos; os ruego que me la toméis por mujer Su padre y su madre le dijeron: ‘¿No hay mujer entre las hijas de tus hermanos, ni en todo nuestro pueblo, para que vayas tú a tomar mujer de los filisteos incircuncisos? ‘Sansón respondió a su padre: ‘Tómame esta por mujer, porque ella me agrada’”
(Jueces 14:1-3).
Los linderos tuvieron y siguen teniendo una gran importancia. Servían de frontera para marcar el territorio de ciertas localidades y también el límite entre dos campos contiguos. A veces bastaba con hacer un surco dos veces más ancho y plantar una piedra en cada extremidad. Desplazar o suprimir un lindero de una propiedad era y es un delito castigado por las leyes. Pero la inviolabilidad de la heredad recibida de los padres tenía, además, un carácter sagrado. En Israel, desplazar o quitar los linderos del patrimonio paterno era objeto de una maldición: “Maldito el que desplace el límite de su prójimo” (Deut. 27:17).
Pero los linderos pueden tener también una aplicación espiritual. Se trata de los principios morales y espirituales del carácter, el estilo de vida, el comportamiento, un cierto espíritu crítico preventivo de lo que nos rodea, las normas o signos de una pertenencia determinada, entre otros, son linderos que heredamos de nuestros padres y que debemos respetar porque, en algunos casos, fueron marcados con sacrificios, renuncias, oposición y sangre.
Sansón, el joven providencial llamado a salvar a su pueblo de la mano de los filisteos, recibió de sus padres una educación esmerada acorde con los principios de los votos del nazareato. El texto bíblico dice que después de nacer, “el niño creció y Jehová lo bendijo. […] el espíritu de Jehová comenzó a manifestarse en él” (Juec. 13:24, 25). Pero Sansón removió los linderos antiguos colocados por sus padres (Prov. 22:28): frecuentó los centros de diversión de las ciudades filisteas, se dejó llevar por la sensualidad y el capricho temerario, profanó su vínculo sagrado con Dios y frivolizó con el poder de su extraordinaria fuerza. Así comenzó una triste espiral de infidelidades a la herencia paterna que le llevaron a un terrible desastre personal. Lo que no quiso hacer en vida lo tuvo que cumplir en la muerte (Juec. 16:30, 31).
Recuerda que no es bueno despreciar los linderos colocados por quienes nos han precedido. Están ahí porque hay un Dios en los cielos.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2015
Pero hay un DIOS en los cielos…
Por: Carlos Puyol Buil
Lecturas devocionales para Adultos 2015
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