MujeresSigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús. Filipenses 3:14

Los sorteos, las loterías y la rifas suelen ser muy atractivos para muchas personas.

Hacerse rico de la noche a la mañana es el sueño de todos los que “tiran” frecuentemente dinero al comprar un boleto con un número que creen cambiará su suerte. Esta práctica puede transformarse en un hábito y a la larga en un vicio, una adicción, si no se le pone un freno a tiempo. Sin embargo, las personas que administran este gran negocio saben que las probabilidades de ganar un premio en rifas y loterías son muy, pero que muy remotas. Por eso el negocio se mantiene floreciente.

Un billete de lotería es la esperanza de los que desean obtener riquezas sin esfuerzo ni trabajo. Es para los que anhelan conseguir bienes sin que les cueste nada; para aquellos que quieren tener ganancias sin hacer inversiones. Quieren llegar a ricos con mentalidad de pobres, sin formación de carácter y sin madurez.

La remota posibilidad de obtener bienes fácilmente contrasta con el premio mayor que aguarda a todos los hijos de Dios. Esta hermosa verdad es la que hizo exclamar a Pablo: “Por lo demás me espera la corona de justicia que el Señor, el juez justo, me otorgará en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que con amor hayan esperado su venida” (2 Tim. 4:8).

Hermana, ¡el premio ya es nuestro! Dios lo hizo posible cuando envió a su Hijo a morir por cada uno de los seres humanos. El costo fue pagado con la sangre preciosa de Cristo Jesús. La parte que nos toca cumplir es sencilla: “Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe” (Heb. 12:2).

Comprometámonos con Dios y con nosotras mismas a invertir sabiamente nuestra vida en obras de bien y de bondad. Utilicemos nuestros recursos financieros, físicos, emocionales y espirituales para servir a Dios y a nuestro prójimo, y seguramente seremos poseedoras del premio mayor que el Juez justo nos dará el día de su venida a todos sus hijos y todas sus hijas fieles.

 

LECTURAS DEVOCIONALES PARA LA MUJER

ALIENTO PARA CADA DÍA

Por: Erna  Alvarado

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