Sábado 19 de noviembre 2016 | Devoción Matutina para Menores 2016 | El extraño y los corazones que ardían


Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras? Lucas 24:32.

El domingo por la tarde, dos de los discípulos menos conocidos de Jesús dejaron Jerusalén y se dirigieron hacia el noroeste, a la pequeña ciudad de Emaús, a 12,9 km hacia las afueras. Como los demás discípulos, estaban terriblemente tristes por la muerte de Jesús.
No habían ido muy lejos cuando un extraño se les unió. Estaban tan desconsolados y apesadumbrados que no se dieron cuenta de que era Jesús. Mientras repasaban los eventos trágicos del largo fin de semana, se pusieron aún más tristes.
“¿Qué es todo este triste hablar?”, preguntó el viajero. “Debes ser un forastero en Jerusalén, como para no saber lo que ha estado ocurriendo”, respondió uno de ellos, llamado Cleofas. Entonces le explicaron todo lo que había pasado.
“Oh, hombres tardos para entender”, dijo entonces Jesús. “¿No era necesario que el Cristo sufriera todo esto?” Y luego comenzó con Moisés y pasó por todas las Escrituras del Antiguo Testamento, explicando varios textos y profecías sobre sí mismo. Quería asegurarse de que su fe estuviera fundada sobre las Escrituras, antes de que se les revelara.
Para cuando llegaron a Emaús, el sol se había puesto. Los dos discípulos empezaron a entrar en su casa, y Jesús hizo como si tuviera la intención de seguir yendo por el camino.
“Quédate con nosotros esta noche”, lo urgieron con amabilidad.
Si hubieran fallado en insistir en que se quedara, nunca habrían sabido que el extraño que estuvo caminando con ellos todo ese tiempo era Jesús. El Señor nunca fuerza a nadie a recibirlo, pero siempre está interesado en estar con aquellos que lo necesitan.
No había mucho para comer aquella noche, pero los discípulos pusieron la mesa con el pan y pidieron al forastero que ofreciera la bendición. Cuando Jesús extendió sus manos para bendecir el pan, los discípulos se asombraron: Jesús siempre lo hacía de esa manera. Volvieron a mirar, y notaron las marcas de los clavos en sus manos. Ambos gritaron a la vez: “¡Es el Señor Jesús!”
Justo cuando estaban por postrarse y adorarlo, Jesús ya había desaparecido. Mientras los discípulos miraban el lugar donde había estado, comentaban cómo ardían sus corazones dentro de ellos mientras les hablaba por el camino.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2016
¡GENIAL!
Dios tiene un plan para ti
Por: Jan S. Doward
Lecturas devocionales para niños 2016
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