Sábado 21 de noviembre 2015 | Devoción Matutina para Adultos 2015 | No habrá más llanto, ni clamor, ni dolor

“Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto ni clamor ni dolor, porque las primeras cosas ya pasaron” (Apocalipsis 21:4).

Una serie de expresiones paralelas, solemnes y enfáticas caracterizan los anuncios proféticos del Apocalipsis en relación con los tiempos finales y la tierra nueva: “El tiempo no sería más” (10:6); “Babilonia, la gran ciudad, y nunca más será hallada” (18:21); “ya no habrá más muerte” (21:4); “Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche” (21:25); “Y no habrá más maldición” (22:3). Es evidente que todas aquellas causas trágicas del temor, la angustia o el miedo, cesarán y desaparecerán definitivamente cuando Dios conduzca la historia de este mundo a su final. El tiempo, como oportunidad y circunstancia y como materia prima de la que están hechos los acontecimientos buenos y malos de la historia, no será más. El miedo, nacido en Edén, acompañando a la humanidad desde entonces, no será más porque “la calamidad no se repetirá” (Nah. 1:9, NVI). El mal, causado por la rebeldía contra las santas leyes de Dios, con sus funestas consecuencias de dolor y sufrimiento, dejará de existir.
Otros textos apocalípticos del profeta Isaías subrayan el gozo perpetuo y la alegría como actitudes positivas que existirán en los nuevos cielos y la nueva tierra en lugar del miedo, la tristeza o el gemido hoy prevalecientes en el mundo: “Alégrense más bien, y regocíjense por siempre, por lo que estoy a punto de crear: Estoy por crear una Jerusalén feliz, un pueblo lleno de alegría.
Me regocijaré por Jerusalén y me alegraré en mi pueblo; no volverán a oírse en ella voces de llanto ni gritos de clamor” (65:18, 19, NVI); “Y volverán los rescatados por el Señor, y entrarán en Sión con cantos de alegría, coronados de una alegría eterna. Los alcanzarán la alegría y el regocijo, y se alejarán la tristeza y el gemido” (35:10, NVI).
El apóstol Pablo dice: “Tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Rom. 8:18), y unos versículos después: “Porque en esperanza fuimos salvos” (vers. 24). En efecto, las circunstancias dolorosas del tiempo en que vivimos nos
van acercando vertiginosamente a su final; son advertencias apremiantes del cielo para que fortalezcamos y reavivemos nuestra esperanza. El tiempo es corto y, muy pronto, llegará el fin de todos los llantos, clamores y dolores del presente, vivamos esta magnífica esperanza que es prenda de la salvación.
Hoy es un día para experimentar los goces anticipados del cielo. ¡Hay un Dios en los cielos!

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2015
Pero hay un DIOS en los cielos…
Por: Carlos Puyol Buil
Lecturas devocionales para Adultos 2015
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