Devoción Matutina para Adolescentes 2017 | Rompí con él cuatro o cinco veces

“Salomón, hijo de David, consiguió fortalecer su reinado con la ayuda del Señor, que aumentó muchísimo su poder” (2 Crónicas 1:1).

Al principio, la nuestra parecía la historia de amor perfecta: dos jóvenes que se conocieron el primer día de clases, salieron juntos durante todos los años de universidad, se escribieron cartas diariamente cuando estuvieron separados por un océano, se casaron en el otoño de su último año de estudiantes, viajaron juntos por el mundo y, finalmente, sentaron cabeza para tener familia. Esta es una radiografía bastante exacta de nuestro matrimonio, la que a Greg y a mí nos gusta contar. Pero, por desgracia (y como motivos de arrepentimiento delante de Dios), hay mucho más que no se ve. Durante los cuatro años que salimos juntos, rompí con él tantas veces que ni recuerdo cuántas fueron. Dos veces dejé a Greg porque me gustaron otros dos muchachos. Greg besó a una amiga mía a mis espaldas. Dejó de hablarme durante todo un verano. Me compró un regalo de compromiso que luego no me entregó durante meses porque no estaba seguro de que yo quisiera casarme con él. Después de casados, hubo días en que los dos nos preguntábamos si tal vez nos habríamos casado con la persona equivocada. Todo eso parece haber quedado muy atrás porque hemos sido felices en los últimos siete años, pero también lo negativo y pecaminoso forma parte de nuestra historia. No nos gusta, pero es la verdad. La verdad que nunca contamos.
Creo que el autor de 2 Crónicas debió de sentirse igual que nos sentimos Greg y yo porque, cuando lo leo, me doy cuenta de que muchos detalles de la historia no están registrados. En un principio, 2 Crónicas formaba parte de 1 Crónicas, que fue escrito después de que los exiliados hubieran regresado de Babilonia, para recordarles su historia y su herencia: los días de gloria de David y de Salomón. Parece evidente que el autor pensó que el pueblo de Israel se sentiría más orgulloso si recordaba lo bueno y olvidaba lo malo. Sin embargo, cuando recuerdo mi propia historia de amor, creo que fueron las cosas malas las que le dieron profundidad a nuestra relación. Superamos todos los problemas y seguimos enamorados. Así debe ser también en tu relación con Jesús: los malos momentos no significan que tu relación con Jesús sea mala, que no tenga futuro o que no lo quieras. A veces, suceden cosas malas pero, si uno sigue adelante, construyendo la relación, todo mejora.
Si quieres que tu relación con Jesús sea sólida y profunda, sigue perseverando, tanto en los buenos momentos como, especialmente, en los malos.
MH

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2017
FUSIÓN
Melissa y Greg Howell
Un punto de encuentro entre tú y Dios
Lecturas Devocionales para Adolescentes 2017
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