Sábado 22 de octubre 2016 | Devoción Matutina para Menores 2016 | Llorando por Jerusalén


Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella. Lucas 19:41.

La feliz procesión se movía lentamente, y constantemente levantaba más y más gente a lo largo del camino. Entre la multitud, estaban quienes habían sido sanados por Jesús, y ellos estaban ansiosos por alabar su nombre.
Como Jerusalén estaba a menos de dos millas [3 km] en las afueras, no llevó mucho tiempo que se desparramara la noticia de que el nuevo rey estaba llegando. Miles salieron de la ciudad para encontrar a Jesús.
Los fariseos estaban tan envidiosos de Jesús que apenas podían contenerse. Desesperadamente, intentaron apartar a la gente de Cristo. “¡Paren esto!”, gritaban. Pero nadie escuchaba sus amenazas, apelaciones u órdenes. Con la multitud que crecía constantemente, los fariseos se preocuparon porque quizá la gente realmente hiciera rey a Jesús. Abriéndose paso a los codazos entre la multitud, llegaron hasta él y le pidieron que hiciera algo acerca de todo ese asunto.
“¡Dile a tus discípulos que se detengan!”, ordenaron.
Pero Jesús les dio una respuesta que silenció sus protestas en ese mismo lugar: “Os digo que si estos callaran, las piedras clamarían” (Lucas 19:40).
Con los labios apretados y las miradas furiosas, los fariseos regresaron, mientras que la feliz procesión continuó. Era un momento de regocijo. ¡El Rey estaba viniendo a Jerusalén!
Pero cuando Jesús llegó a la cima de la colina, se detuvo. Abajo del Monte de los Olivos se extendía la ciudad, resplandeciendo bajo el sol de la tarde. El mármol blanco puro del Templo, que estaba a unos 91 m más abajo que el Monte de los Olivos, destellaba con un brillante resplandor.
Todos esperaban que Jesús sonriera con la misma admiración que ellos sentían. Cuando todas las miradas se volvieron hacia él, ¡repentinamente comenzó a llorar! No lloró en silencio, para sí mismo, sino que estalló con fuertes llantos, mientras su cuerpo se balanceaba de atrás hacia adelante.
¡Tanto había querido salvar a Jerusalén! Había hecho todo lo que pudo por la ciudad. Pero los líderes religiosos, que se suponía que tenían que dirigir a la gente hacia Dios, se lo impedían por su orgullo y sus celos. La ciudad, hermosa pero profana, perecería porque había rechazado al Salvador.
Jerusalén, la ciudad que tanto amaba, pronto sería destruida por su orgullo egoísta y obstinado.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2016
¡GENIAL!
Dios tiene un plan para ti
Por: Jan S. Doward
Lecturas devocionales para niños 2016
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