Jovenes

Queridos hermanos, no crean a cualquiera que pretenda estar inspirado por el Espíritu, sino sométanlo a prueba para ver si es de Dios, porque han salido por el mundo muchos falsos profetas (1 Juan 4:1).

Los hombres de ciencia, artistas y deportistas brillantes han dejado anécdotas en diversos ámbitos de sus vidas. En ocasiones, no es posible comprobar la veracidad de tales historias, pero muchas de ellas se han transformado en verdaderas marcas de identidad de sus célebres protagonistas. Albert Einstein, que ha llegado a considerarse uno de los hombres más inteligentes de la historia, protagonizo o se le han atribuido muchas anécdotas geniales.

A pesar de que no empezó a hablar hasta cumplidos los tres años, cuando alcanzo poco más de veinte ya era reconocido por su teoría de la relatividad. Pronto se hizo famoso. Por lo mismo, con frecuencia lo invitaban diversas universidades para dictar conferencias. Sus biógrafos afirman que no le agradaba conducir automóviles, a pesar de que los vehículos siempre le resultaron muy cómodos para desplazarse. Por lo mismo, se vio obligado a contratar a un chofer. Se cuenta que tras años de viajar juntos, Einstein le comento un día lo monótono que le resultaba repetir lo mismo una y otra vez en cada disertación. “Si quiere -le dijo el chofer-, lo puedo sustituir a usted por una noche. He oído sus conceptos tantas veces que los podría recitar palabra por palabra”.

Einstein acepto el desafío y, antes de llegar al siguiente lugar, intercambiaron sus vestimentas y el científico se sentó al volante del vehículo. Llegaron al lugar previsto, donde se llevaría a cabo la conferencia y, como ninguno de los académicos presentes conocía a Einstein, nadie se percató del engaño. El chofer expuso la misma conferencia que había escuchado tantas veces a su jefe. Al final de la exposición, sin embargo, un destacado profesor del público le hizo una pregunta. El chofer no tenía la menor idea de la respuesta; sin embargo, en un golpe de inspiración replico: “Me extraña, profesor, la pregunta que usted me hace. Es tan sencilla que dejare que mi chofer, que se encuentra sentado al fondo de la sala, se la responda”. Muy probablemente la anécdota sea apócrifa. Por lo menos suena sospechosa. Pero qué bien !lustra lo que quiero decirte: “Siempre prueba a los espíritus”. No aceptes nada sin comprobar.

Estremece pensar en esto: ¿Cuántas veces habrá hablado un falso profeta, o el mismo Satanás, en los pulpitos de las iglesias? Buen tema para reflexionar y someter a prueba a todos los maestros religiosos…

MEDITACIONES MATINALES JÓVENES 2013

¿SABÍAS QUE…?

Por: Félix H. Cortez

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