Sábado 25 de febrero 2017 | Devoción Matutina para Damas 2017 | El sueño


“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Fil. 4:19).

Habitualmente, cuando me despierto no recuerdo lo que he soñado. Una mañana, en cambio, me desperté y tenía un recuerdo vivido de lo que había soñado durante la noche. En el sueño, estaba en la cancha de voleibol con mis amigos de la iglesia. Al final del partido, me acerqué a una de las muchachas -amiga mía-y le entregué un billete de cien dólares, diciéndole que no lo perdiera. En mi sueño, vi cómo guardaba el billete en la ropa interior, para mayor seguridad.
A lo largo del día, no podía dejar de pensar en el sueño. Pedí a Dios que me indicara qué quería que yo hiciera. Seguramente, no pretendía que yo le diera a mi amiga un billete de cien dólares. Traté de negociar mentalmente con Dios por algo más pequeño, por ejemplo, cincuenta dólares. No funcionó. En la mente, solo se me presentaba el billete nuevecito de cien dólares que había visto en el sueño.
Finalmente, como no tenía dinero en efectivo, fui al cajero automático y retiré cien dólares. Coloqué el dinero en un sobre y lo llevé a la iglesia al día siguiente. La amiga de mi sueño no estaba allí. Entonces vi a su hijo adolescente y le di el sobre, junto con claras instrucciones de que fuera directamente a casa y se lo diera a su madre. Cuando él se marchó, me asaltó el temor de que quizá no debería haber confiado tanto en un adolescente, por lo que decidí llamar por teléfono a su madre y le dije: -Tu hijo se dirige a casa, y tiene algo que entregarte de mi parte.
Entonces, por teléfono, me sentí movida a hablar a mi amiga del sueño. Ella empezó a reír, y a exclamar cuánto la amaba su Padre celestial. Cuando finalmente se calmó, me contó que su hija menor estaba muy enferma. La había llevado al médico, pero la medicación que le había prescrito costaba 95 dólares. Mi amiga no tenía el dinero para comprarla, ni conocía ninguna fuente de financiación. Todo lo que pudo hacer fue optar por no preocuparse y confiar, sin más, en que Dios proveería. ¡Y él lo hizo! Me sentí sobrecogida por las cosas asombrosas que pueden ocurrir cuando estamos conectados con Dios. ¡Qué lección de humildad fue, para mi, poder ser la respuesta divina a la oración de mi amiga!
Escucha hoy esa Voz queda. Tiende la mano y bendice a alguien. Recibirás bendiciones a cambio.
Sharon Long (Brown)

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2017
VIVIR EN SU AMOR
Carolyn Rathbun Sutton – Ardis Dick Stenbakken
Lecturas Devocionales para Mujeres 2017
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