ESPT300X395Sábado 26 de enero
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Génesis 2:16, 17; Génesis 1:26-28; Santiago 3:9; Hechos 17:26; Proverbios 14:31; Mateo 5:44-48; Apocalipsis 20:11-13.

PARA MEMORIZAR:
“Y mandó Jehová Dios al hombre diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Gén. 2:16, 17).
A LA GENTE LE GUSTA HABLAR de los “derechos humanos”. Desde la Carta Magna (1215) hasta la Declaración Francesa de los Derechos del Hombre (1789) y diversas proclamaciones de las Naciones Unidas, se promovió la idea de que los seres humanos poseen ciertos “derechos inalienables”, derechos que nadie puede quitar de nosotros. Son nuestros porque somos seres humanos (por lo menos, eso es lo que dice la teoría).

Pero, queda la pregunta: ¿Cuáles son esos derechos? ¿De qué modo se determina cuáles son? ¿Pueden cambiar esos derechos? Si es así, ¿cómo? ¿Por qué nosotros, como humanos, tenemos esos derechos?
En algunos países, por ejemplo, a las mujeres no se les dio el “derecho” a votar hasta el siglo veinte (algunas naciones todavía se lo niegan). Entonces, ¿cómo puede un gobierno otorgar a las personas algo que, para comenzar, es su “derecho inalienable”?

Son preguntas difíciles, y sus respuestas están inseparablemente vinculadas al interrogante sobre los orígenes humanos, el estudio de esta semana.

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