Sábado 30 de mayo 2015 | Devoción Matutina para Mujeres 2015 | No te alejes – 2

Al que a mí viene, no le echo fuera. Juan 6:37

El parto fue complicado, y cuando la niña nació la acerqué a su joven madre, quien le dio un beso. ¡Era hermosa! Pero ese beso sería el primero y el último. Una hemorragia posparto dejó a la madre sin vida. Mientras abrigaba y abrazaba a esa pequeñita, llorando, me preguntaba: “¿Qué haré? No puedo abandonar a esta bebita, pues la entregarán a una casa-hogar; pero tampoco puedo quedarme con ella”. Muchas ideas pasaron por mi mente, hasta que llegó la correcta.
Llamé a sus padres. Esperé en ese lugar durante más de doce horas, con la niña en brazos, por temor de que la enviaran a algún lugar desconocido por falta de familia. Cuando llegaron los padres, los llevé a un lugar privado y les di la terrible noticia. Tenían que identificar el cuerpo de su hija. La desesperación y el dolor los invadió, aún incrédulos. Cuando se tranquilizaron, vino la segunda noticia. Nunca olvidaré cuando puse frente a ellos a esa criaturita que lloraba como si se estuviera presentando a los únicos seres que podían cuidarla con amor. Los abuelos la abrazaron, comprendiendo que aquel pequeño ser sería el legado más sagrado de su niña, y cuya presencia les sería un aliciente para seguir viviendo.
Aún recuerdo cuántas veces la madre repitió: “¡Si tan solo nos hubiera contado lo que sucedía, nosotros la habríamos cuidado! ¡Nadie la habría cuidado mejor! Era nuestra única hija y la amamos tanto; quizás ahora estaría viva”. Pero Brenda nunca quiso decirles nada porque sentía que les había fallado. Sin embargo, ¿quién mejor que sus padres para cuidarla cuando estaba sola y desamparada? Si hay un amor sincero en esta vida, ese es el amor de nuestros padres, figura del amor de Dios.
Si hoy crees que te has equivocado demasiadas veces y no quieres hablar con tu Padre celestial por temor a que no te escuche, recuerda que él te espera. No tienes que andar sola por los caminos de la vida ni sentir que ya nada mereces, porque Dios espera que acudas a él tal como estás. Él te recibirá y te ayudará.
Recuerda el texto de hoy y aplícalo a ti misma: “Al que a mí viene, no le echo fuera”.— Beatriz Rodríguez.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2015
Jardines DEL ALMA
Recopilado por: DIANE DE AGUIRRE
Lecturas Devocionales para Damas 2015
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