Sábado 6 de agosto 2016 | Devoción Matutina para Menores 2016 | Perdiendo el tren

Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra? Lucas 18:8.

Alrededor de diez días después de que Jesús naciera, José y María llevaron al bebé cerca de cinco millas [8 km] al norte, a la ciudad de Jerusalén. Cada primogénito masculino tenía que ser dedicado al Señor, y pagar un “rescate” que recordara al pueblo el momento en que Dios perdonó a los primogénitos de Israel en Egipto.
El sacerdote había realizado la rutina de la dedicación de bebés día tras día, hasta que le resultó cosa común y corriente. Nunca prestó demasiada atención, a menos que los padres fueran ricos o de una alta posición social.
“José y María eran pobres; y cuando vinieron con el niño, el sacerdote no vio sino a un hombre y una mujer vestidos como los galileos, y con las ropas más humildes” (El Deseado de todas la gentes, p. 35).
El sacerdote siguió mecánicamente todo el procedimiento de la ceremonia. Alzó al niño delante del altar y luego, después de devolvérselo a María, escribió el nombre “Jesús” en el pergamino de los primogénitos. Poco entendió que aquel bebé cuyo dinero del rescate había recibido, sería él mismo el rescate por toda la raza humana.
El sacerdote iba a continuar con sus deberes, cuando Simeón, un anciano devoto que había estado esperando la venida del Salvador por mucho tiempo, entró en el Templo. Sin dudarlo, caminó hasta María y tomó al bebé en sus brazos. El Espíritu de Dios había venido sobre él. El sacerdote abrió la boca, asombrado, cuando Simeón levantó al bebé hacia el cielo y alabó a Dios.
En ese mismo momento, Ana, una mujer muy anciana que también había estado esperando al Prometido, entró en la habitación. Ella también proclamó su alegría porque Dios había enviado al Salvador.
Los pastores y estas dos personas mayores eran los únicos, además de María y José, que se habían dado cuenta de que la Majestad del cielo había llegado. Los líderes de Jerusalén, el posadero que había negado la entrada a José y a María, el sacerdote y miles de otros estaban demasiado ocupados haciendo lo suyo.
Y cuando Jesús venga por segunda vez, todavía habrá muchos que estarán espiritualmente dormidos, por haber estado demasiado ocupados consigo mismos como para escuchar al Espíritu de Dios.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2016
¡GENIAL!
Dios tiene un plan para ti
Por: Jan S. Doward
Lecturas devocionales para niños 2016
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