«Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto» (Juan 15:2).

Hace algunos años, mi esposa y yo compramos un toronjero. Sabíamos cómo cuidar de un huerto, pero no teníamos experiencia con los árboles frutales. El pequeño árbol estaba cubierto de flores. Nos alegró ver que ya en el primer año iba a dar mucho fruto.

El hombre que nos lo vendió nos recomendó que elimináramos las flores. Cuando le preguntamos por qué, nos explicó que el árbol tenía que crecer y que todavía no era lo bastante maduro para dar buenos frutos. Definitivamente, era distinto de las judías verdes. Para obtener una cosecha de legumbres basta con sembrarlas en la estación correcta y, después de algunos meses, ya se pueden cosechar. Pero un árbol frutal tarda años en desarrollarse.

Nuestro pequeño árbol crecía sano. Al segundo año, brotaron tantas ramas que era imposible ver a través de la copa. Sabía que era preciso podarlo, por lo que busqué la palabra «poda» en Internet y descubrí algunas cosas interesantes.

La poda de los árboles es una técnica que usan los hortelanos y jardineros para controlar el crecimiento, quitar la madera muerta o enferma o estimular la formación de flores y frutos. Descubrí que la mejor época para podar es al principio de la temporada, cuando las yemas empiezan a brotar y es posible eliminar los brotes usando tan solo los dedos. El artículo señalaba que muchos hortelanos aficionados caen en el error de plantar el árbol y dejarlo a su suerte hasta que empieza a dar fruto. Sin embargo, la atención cuidadosa y la vigilancia de los árboles jóvenes determinarán su productividad y su longevidad.

Nuestro árbol había echado tantas ramas que la luz del sol era incapaz de pasar a través de él. Así que lo podé de tal manera que el sol pudiera iluminar las ramas interiores y el árbol pudiera ventilarse correctamente; de lo contrario, enfermaría.

El proceso de poda me ayuda a entender lo que Jesús tiene que hacer con nosotros. Si queremos llevar fruto, en la vida hay muchas cosas que es preciso eliminar. Jesús usó las lecciones de la naturaleza para enseñar verdades espirituales. ¿Se le ocurre alguna más? Basado en Juan 15:1,2.

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