Sábado 9 de julio 2016 | Devoción Matutina para Mujeres 2016 | Tocar a los intocables


La iglesia, en su dimensión de obras de misericordia hacia los despreciados de la sociedad, tiene un sólido fundamento en las Escrituras. Johnny Ramírez-Johnson

“Tocar a los intocables”. No es un juego de palabras. En los tiempos de Jesús había gente considerada “intocable”, con fundamento en normas higiénicas y de salud del Antiguo Testamento indicadas por Dios, pero que habían sido llevadas a tal extremo que suponían una exclusión social radical para quien caía en determinadas categorías. Intocables eran los leprosos; parecía inconcebible que nadie, mucho menos Dios, tuviera contacto con ellos, y sin embargo Jesús los tocó (Mat. 8:1-3; Mar. 1:40, 41; Luc. 5:12, 13) para sanarlos. Intocables eran los muertos y lo que hubiera estado en contacto con ellos, pero Jesús los tocó para resucitarlos (Mat. 9:25; Luc. 7:14). Intocable era una mujer con flujo de sangre, y Jesús no evitó el contacto con ella (Luc. 8:43-45), para librarla de la muerte y la marginación.
Intocables eran los gentiles, pero Jesús dispuso que se les llevara el evangelio, para salvación.
Jesús tocó a los intocables, pero no por rebeldía contra las normas divinas, obviamente, ni por antisocial, sino para ayudar, sanar, redimir, resucitar, salvar…, para mostramos cómo es Dios, que ha sido desfigurado por filosofías y tradiciones humanas. Lo hizo para dejamos ejemplo. De acuerdo al criterio de Jesús, compasión y santidad no están reñidas; son dos conceptos perfectamente compatibles, con sólido fundamento en las Escrituras. Siendo él impecable, tuvo compasión de los que no lo eran.
En nuestros tiempos, intocables, parias de la sociedad, pueden ser los enfermos de sida, las prostitutas, los drogadictos, los sin techo… A ellos hemos de ir a rescatar para Dios de las garras de la marginación y el pecado. A ojos de una mujer cristiana, no ha de existir nadie que caiga bajo la etiqueta de “intocable”, de manera que no nos acerquemos a ellos con el toque de la salvación bien por vergüenza de ser vistas, bien porque creamos que tendrá un costo negativo para nosotras. No importa lo que considere el mundo, no importa lo que piensen familiares y amigos…, compasión y santidad no están reñidas entre sí. Nadie, absolutamente nadie, es imposible de amar y de alcanzar para Dios.
Ser como Jesús significa primero ayudar, sin mirar a quién… y solo después, si es necesario, pensar en las consecuencias. Porque la otra opción, la de no ayudar, no es una opción para la mujer cristiana.

“Entiendo que de veras Dios no hace diferencia entre una persona y otra” (Hech. 10:34).

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2016
Ante todo, cristiana
Por: MÓNICA DÍAZ
Lecturas Devocionales para Damas 2016
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