“Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración.”  1 Ped. 4: 7.

El fin está cerca y debemos estar preparados para lo que tendremos que enfrentar. Nuestras vidas deben estar escondidas con Cristo en Dios. Necesitamos la educación del Espíritu Santo.

Tenemos el privilegio de estar alegres. A veces me he sentido tentada a experimentar depresión de espíritu cuando veo cuán ciegos y equivocados están muchos de mis hermanos. Me duele el corazón cuando pienso en los hombres que están desubicados, que han perdido su colocación. Quiera el Señor disipar la nube de incertidumbre, para que la verdad y la justicia puedan prevalecer. Apenas parece posible que el poder del engaño pueda ser tan fuerte. Me dan lástima esos hombres, pero la impresión que han ejercido en otras mentes es tan fuerte que me hace temblar. Enfrentamos un futuro tormentoso, pero tenemos con nosotros a Alguien que es poderoso para vencer.

A veces, cuando veo una nube en el cielo, exclamo involuntariamente: “Ven, Señor Jesús; ven pronto”. Tiempos como éste revelarán el carácter de cada cual. Anhelo ver quebrantado el poder engañoso del enemigo. Pero no permitamos que nuestra fe falle. El único verdadero consuelo que encuentro consiste en mirar más allá del conflicto y contemplar el triunfo final, la gloria de Dios que refleja su resplandor sobre los vencedores. La profecía señala con certeza el resultado final del conflicto, y por fe lo podemos ver. . .

El poder restrictivo del Espíritu de Dios se está retirando de la tierra. Nuestra obra tiene que terminar pronto. Deberíamos hacer todos los esfuerzos posibles para salvar a las almas de la muerte. Dentro de poco el Señor Dios del cielo establecerá su reino, que no será destruido. Ha llegado el momento de desarrollar un carácter puro y celestial. La obra aumentará en fervor e intensidad hasta el mismo fin. Necesitamos que nuestra fe aumente. Debemos velar en oración.

Por semanas he avanzado como un carro cargado de gavillas, no porque tenga la menor duda con respecto a la obra que Dios me ha confiado, ni porque tenga el menor deseo de esquivar las responsabilidades que ha puesto sobre mí, sino porque mi corazón sufre por los que andan enceguecidos en el error, que han perdido su facultad de discernir, y que no pueden distinguir la verdad del error ( Carta 226 , del 8 de julio de 1906, dirigida al pastor G. I. Butler, relacionado por mucho tiempo con la Hna. White en la obra, y Presidente de la Unión del Sur).

 

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Comentarios

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1 Comment

  • Santiago Perez 4 years ago

    Que pagina maravillosa, gracias por el contenido muy interesante quisiera tener la musica instrumental y las peliculas .

    soy miembro de la iglesia adventista en paz de ariporo casanare Colombia. Gracias