Viernes 11 de abril – Devoción Matutina para Menores 2014 — No dispares a los santos

«Si alguno dice: “Yo amo a Dios”, y al mismo tiempo odia a su hermano, es un mentiroso. Pues si uno no ama a su hermano, a quien ve, tampoco puede amar a Dios, a quien no ve» (1 Juan 4: 20).

Las órdenes del general Phips eran cargar las municiones en los barcos y navegar por el río San Lorenzo hacia Quebec, en Canadá. En esa ciudad, él y su pequeño ejército esperarían un contingente de infantería del sur, con quienes atacarían el bastión francés, reclamándolo para la corona inglesa. Ese era el plan.
La flota que transportaba las municiones emprendió el recorrido a través de las inhóspitas aguas en dirección a la ciudad amurallada. Allí, bajo la oscuridad de la noche, esconderían estratégicamente los botes y esperarían al batallón de infantería. Todo iba según lo planificado, con el único problemita de que el general Phips, que era protestante, odiaba a los católicos. Cuando vio la ciudad amurallada desde su escondite, le molestaron tanto los santos de piedra que estaban colocados en puntos estratégicos que ordenó a sus hombres disparar a las estatuas. Los soldados ingleses prepararon los cañones, los cargaron y abrieron fuego contra los santos. A cañonazos derribaron las estatuas.
El pobre general Phips estaba tan absorto que no se dio cuenta de que estaba malgastando las municiones.
Los cañonazos alertaron a los soldados franceses, que tomaron posiciones y abrieron fuego contra la flota. En su afán de acabar con las estatuas de los santos, Phips agotó sus municiones. El primer batallón de ^pldados ingleses llegó justo a tiempo para rescatar al general y a sus soldados. Phips había sido comisionado para resguardar el importante cargamento de municiones que le habría dado a su país y a su rey una victoria segura contra el enemigo, pero perdió su oportunidad.
Nosotros podemos hacer lo mismo. Al igual que el general Phips, usamos energía valiosa (nuestras municiones) bombardeando a nuestros hermanos en Jesús con chismes y críticas. Entonces, cuando nos toca enfrentar la verdadera batalla contra Satanás, nuestro enemigo real, fracasamos. Y no fracasamos porque Dios no haya enviado su batallón de infantería celestial, sino porque hemos agotado nuestra provisión de fuerza moral y espiritual.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2014
EN LA CIMA
Por: Kay D. Rizzo
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