Viernes 11 de septiembre 2015 | Devoción Matutina para Adultos 2015 | El caballo de Troya en la ciudad de Dios

“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (Juan 17:15).

La historia del caballo de Troya cuenta cómo sucumbió aquella inexpugnable ciudad a los ataques de los griegos. Su significado sigue teniendo vigencia porque ilustra magistralmente los peligros que amenazan a todo aquel que introduce en su propia casa las armas del enemigo. Griegos y troyanos estaban en guerra. Mil naves griegas habían cercado la ciudad de Troya, pero sus murallas y la feroz defensa de los troyanos no les habían permitido penetrar.
Un día, los sitiadores simularon retirarse dejando junto a la muralla un enorme caballo de madera que se consideró como una ofrenda a los dioses para que protegieran su retirada. Sin embargo, en el vientre de aquel enorme equino estaban escondidos un número importante de guerreros griegos; el resto estaba oculto en las naves ubicadas en la próxima isla de Ténedos.
Libres del duro asedio, los troyanos salieron para contemplar aquel monumental caballo. Era una maravilla, así que discutieron qué debían hacer con él.
Finalmente, ayudados por el testimonio de falsos desertores del ejército griego, decidieron introducirlo en la ciudad. Hubo que abrir una brecha en la muralla para que entrara aquella fatal máquina de guerra y la llevaron a lo alto de la acrópolis. Pero, a media noche, cuando todos dormían confiados, uno de los falsos desertores abrió las trampas del caballo y salió de su vientre un pequeño ejército que mató a los centinelas de las puertas, las abrió de par en par y dio aviso al resto del ejército que esperaba en las naves. Llegados los soldados entre las sombras, incendiaron la ciudad, hicieron arder sus palacios y sus templos; y sus defensores, desprevenidos, sorprendidos y engañados, sucumbieron. Así cayó Troya, la gloriosa ciudad.
Dietrich Von Hildebrand escribió hace unos años un libro titulado El caballo de Troya en la ciudad de Dios, donde advierte a la iglesia de los peligros que corre al contemplar con admiración, discutir con pasión, aceptar y, finalmente, introducir en nuestro medio, los principios filosóficos que rigen en este mundo. Sin duda que para incorporarlos a la iglesia tendremos que abrir brechas en esa muralla inexpugnable que hasta ahora la ha protegido. Elena de White nos dice: “Los pecados que dominan al mundo han penetrado en las iglesias, y en el corazón de aquellos que aseveran ser el pueblo peculiar de Dios” (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 431), por eso Jesús oró al Padre: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal”.
Procura hoy no abrir las puertas de tu corazón al enemigo.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2015
Pero hay un DIOS en los cielos…
Por: Carlos Puyol Buil
Lecturas devocionales para Adultos 2015
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