Viernes 16 de diciembre 2016 | Devoción Matutina para Damas 2016 | Pisteuo eis


La confianza nunca proviene de tener todas las respuestas, sino de estar abierto a todas la preguntas. Earl Gray Stevens

CUANDO EL TEÓLOGO y misionero escocés John Patón (1824-1907) servía a Dios en las islas Vanuatu, en el Pacífico Sur, decidió traducir el Evangelio de Juan a la lengua nativa de Tana, donde se encontraba. Había dedicado bastante tiempo a estudiar el kuamera, y se sentía preparado para tan ardua tarea. Pero pronto se encontró con una dificultad: traducir la expresión favorita del apóstol, pisteuo eis, que significa creer o confiar en alguien. ¿Cómo podrían entender aquel concepto los nativos del lugar, si eran unas tribus muy violentas y con prácticas caníbales? “Los hombres frecuentemente golpeaban a sus esposas; y cuando había guerras o peleas entre ellos, los victoriosos cocinaban y comían a los perdedores”.*
En aquellas tierras nadie confiaba en nadie; tanto era así, que el concepto “confianza” no existía en ninguna palabra en su lengua. Y lo más triste de todo: no existía la realidad de la confianza absoluta en alguien o en algo.
Un día se le ocurrió una idea para poder enseñar a aquellas gentes el concepto de la confianza en Dios, tan necesario para la salvación. “¿Qué estoy haciendo”, le preguntó a su asistente, un nativo del lugar. “Está sentado delante de su mesa”, le contestó el hombre en kuamera. Patón levantó los pies del suelo, se reclinó completamente sobre su silla, y preguntó de nuevo: “Y ahora, ¿qué estoy haciendo?” Entonces el hombre usó un verbo que significa “echar completamente todo el peso sobre algo o alguien”. Ese fue el verbo que Patón decidió utilizar para enseñarles el concepto de la confianza.**
¡Y qué tal estamos de confianza en Dios tú y yo? ¿Hemos aprendido e echar todo nuestro peso sobre él, confiando completamente en que se encargará de todo? ¿Están nuestras cargas en sus manos hasta tal punto que descansamos seguras en él y dormimos en paz por las noches? Si todavía no hemos llegado a ese nivel de confianza absoluta en él, quizá sea porque esperamos tener todas las respuestas antes de levantar los pies del suelo y reclinarnos del todo en el Señor. Pero en realidad no se trata de tener todas las respuestas, sino de estar abiertas a sus preguntas y a lo que él permita que nos depare la vida.

“En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33, RV95).

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2016
Ante todo, cristiana
Por: MÓNICA DÍAZ
Lecturas Devocionales para Mujeres 2016
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