“Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que, conforme a las profecías que se hicieron antes en cuanto a ti, milites por ellas la buena milicia, manteniendo la fe y buena conciencia. Por desecharla, algunos naufragaron en cuanto a la fe. Entre ellos están Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar” (1 Timoteo 1:18-20).

El Costa Concordia, un barco de 114.500 toneladas que llevaba a bordo 4.231 personas, naufragó el 13 de enero de 2012, curiosamente casi cien años después del naufragio del Titanic. Este lujoso barco encalló frente a la isla de Giglio, en el mar Tirreno, después de chocar con un arrecife. Los técnicos estimaron que se trataba del naufragio de mayor tonelaje de la historia de la navegación. Lamentablemente, más de treinta personas perdieron la vida, además, hubo muchos heridos.
Todo pareció indicar que la impericia del capitán causó la tragedia.
¡Naufragio! El término significa pérdida o ruina de una nave, y es sinónimo de tragedia, desastre, hundimiento y muerte. ¿Y cuándo se puede hablar del “naufragio en la fe”? En realidad, es algo similar, pero aplicado a la experiencia espiritual. Como constatación de que el hecho no era infrecuente en ese tiempo, Pablo usa otras expresiones paralelas en estas epístolas finales de su ministerio para referirse a esa triste experiencia, como “hunden a los hombres en destrucción y perdición” (1 Tim. 6:9); “se apartan de la verdad” (Tito 1:14);
“algunos apostatarán de la fe” (1 Tim. 4:1).
¡Qué doloroso es ver cuando un cristiano naufraga en la fe! A veces, hay tiempo para rescatarlo de una inminente tragedia en su vida espiritual, pero en otras ocasiones, es tarde para evitar el desastre. ¿Por qué tiene que ser así? El apóstol Pablo nos dice cuáles pueden ser las causas del naufragio en la fe: el amor al dinero (1 Tim. 6:10); la cauterización de la conciencia (1:19; 4:2); las explicaciones de la falsamente llamada ciencia (6:20, 21); el amor al mundo (2 Tim. 4:10); las diferencias personales y la oposición a la autoridad en la iglesia (4:14, 15).
Finalmente, Pablo nos amonesta a seguir cinco principios que son antídotos de las causas del naufragio: el contentamiento (1 Tim. 6:6); una buena conciencia y fe genuina (1:5, 19); retirarse de la impiedad y de los deseos mundanos (Tito 2:12); consolidar las sanas enseñanzas de la iglesia (2 Timoteo 1:13).
Te invito a confiar el mando de tu vida a Jesús, el mejor Capitán, quien nos llevará a un puerto seguro y evitará el naufragio de nuestra fe.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2015
Pero hay un DIOS en los cielos…
Por: Carlos Puyol Buil
Lecturas devocionales para Adultos 2015
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