Jovenes

Cualquiera que mira a una mujer y la codicia ya ha cometido adulterio con ella en el corazón (Mateo 5:28).

Esta definición del adulterio se aplica directamente a las tentaciones contemporáneas: revistas y películas pornográficas, locales donde se practica el nudismo y el sexo cibernético.

Es difícil creer que los habitantes de Sodoma y Gomorra hayan tenido más incitaciones a la corrupción sexual que las que actualmente tienen los seres humanos en Internet.

Navegar por “la red” puede ser muy peligroso, es como correr el riesgo de quedar atrapados en medio de un tiroteo a fuego cruzado, o entrar en un nido de víboras. Las tentaciones contra la pureza del alma son muchas.

El “cibersexo”, que es una conversación erótica, quizás romántica, en línea, ha tenido un incremento fenomenal en los últimos tiempos. Ahora participan hombres y mujeres por igual. El resultado es una destrucción de vidas, familias, hogares, matrimonios e hijos. El doctor Julián Melgosa dice: “Se estima que el 9% de los que prueban el ‘cibersexo’ pueden acabar siendo adictos. Los indicadores de la adicción incluyen cambios en la personalidad, demandas de privacidad, ignorar las tareas domésticas, falta de interés en tener sexo con el cónyuge, mentiras respecto a gastos en la tarjeta de crédito y falta de interacción con los miembros de la familia”.

Por su parte, la doctora Jennifer P. Schneider, especialista en medicina interna, medicina de adicciones y gestión del dolor, hizo una encuesta entre personas cuyos cónyuges estaban involucrados en el sexo por Internet. Quienes respondieron afirmaron que se sentían heridos, traicionados, rechazados, abandonados, devastados, solitarios, avergonzados, aislados, humillados, celosos, enojados y que sufrían de baja autoestima.

Los males son interminables y su estudio todavía está inconcluso. Pero ya se conocen muchas consecuencias del “cibersexo”. La sabiduría está en no dar el primer paso, porque nadie sabe quién quedará prendido en la red de la adicción a este vicio actual. Dicen que hay quienes tienen propensión al alcoholismo, pero no se volverán alcohólicos quienes nunca beban una copa. Un solo trago puede desencadenar los tentáculos del trastorno que nadie sabe que existe en su interior. Lo mismo pasa con el sexo cibernético. Lo mejor es, como dijo el sabio Salomón: “Aléjate de la adúltera; no te acerques a la puerta de su casa” (Prov. 5:8).

Bien dice el profeta que quien “cierra los ojos para no contemplar el mal […] morará en las alturas” (Isa. 33:15-16). Niégate a ver el mal en Internet, en la pantalla, en los libros y en las revistas.

MEDITACIONES MATINALES JÓVENES 2013

¿SABÍAS QUE…?

Por: Félix H. Cortez

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