adultos«Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe» (Hebreos 12:2).

En 1996 me compré un Chevrolet Lumina nuevo. Algunos podrían decir que la compra de un automóvil nuevo no es una buena idea. Pero es que el último ya tenía más de diez años al momento de comprarlo. Mi mujer lo condujo durante catorce años y estaba satisfecha. Por tanto, puede ver que a mí, los automóviles me duran mucho.

Un día, en Nueva York, iba en uno de los cientos, si no miles, de taxis de color amarillo canario que circulan por sus calles. Me interesó saber cuántos kilómetros esperaba hacer el taxista con su vehículo. Cuando le pregunté, respondió: «Tengo la intención de que me dure 400,000 kilómetros». No pude resistir preguntarle cómo llegaría a hacerlos. Me comentó que procura que el motor esté siempre refrigerado y bien lubricado. Entendí lo que quería decir. Mantener el motor refrigerado y cambiar el aceite es esencial para evitar problemas.

Cuando compré el Lumina, venía con un manual del propietario. El manual explica lo que hay que hacer para mantener el coche en buenas condiciones. Además, estoy seguro de que hay un manual de reparaciones para explicar al mecánico qué tiene que hacer para reparar una avería.

Todo esto ilustra algunos aspectos importantes de la vida cristiana. Por ejemplo, la Biblia es nuestro manual de reparaciones, así como de mantenimiento. Lamentablemente, muchos cristianos prestan más atención a cómo reparar la vida cristiana que a cómo mantenerla. Algunos de nosotros prestamos más atención a cómo salir de un mal paso que a cómo mantenernos apartados de los problemas. Algunos parecen estar más centrados en qué hacer cuando se han salido de la carretera que a cómo hacer para que la vida cristiana no se salga de ella.

Gran parte de lo que nos pasa en la vida cristiana es el resultado de una mala conservación. Con frecuencia, no prestamos mucha atención a lo que sucede en nuestra vida espiritual y por eso nos preguntamos por qué nos alcanzó tal desgracia.

En la vida cristiana, si miramos a lado y lado, a las cosas del mundo, nos saldremos de la carretera. La persona que mira a las cosas del mundo pronto entrará en el mundo. Sin embargo, si miramos a Jesús, nos quedaremos en la carretera. Basado en Juan 17:14-17

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