Viernes 24 de enero – Devoción Matutina para Adultos 2014 – Dulce en la boca, pero amargo en el vientre

Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre. Apocalipsis 10:10.

¡Y qué dulce que era!
Al escribir el 6 de octubre, el día que finalmente aceptó la fecha del 22 de octubre, Miller exclamó, en el artículo de tapa de The Midnight Cry [El clamor de medianoche] del 12 de octubre, “Veo una gloria en el séptimo mes que nunca antes vi. Aunque el Señor me había mostrado la relevancia típica del séptimo mes hace un año y medio [el artículo de mayo de 1843], sin embargo, no me di cuenta de la fuerza de los caracteres […]. Gracias al Señor, oh, mi alma. Benditos sean el hermano Snow, el hermano Storrs y los demás por su intervención para abrirme los ojos. Casi estoy en casa. ¡Gloria! ¡Gloria!! ¡Gloria!!! Veo que el tiempo es correcto […].
“Mi alma está tan llena que no puedo escribir […]. Veo que todavía estamos en lo correcto.
La palabra de Dios es verdadera; y mi alma está llena de gozo; mi corazón está lleno de gratitud a Dios. Oh, cómo me gustaría poder gritar. Pero, gritaré cuando el ‘Rey de reyes venga’. Me parece oírte decir: ‘¡El hermano Miller no es un fanático!’ Muy bien, llámame como quieras; no me importa. Cristo vendrá en el séptimo mes, y nos bendecirá a todos. ¡Oh!, gloriosa esperanza.
Entonces lo veré, y seré como él, y estaré con él por siempre. Sí, por siempre y siempre”.
¡No había nada más dulce que la esperanza de la pronta venida de Cristo!
¡Sin embargo, no regresó! Y el chasco fue amargo.
El 24 de octubre, el dirigente millerita Josiah Litch escribió a Miller y a Himes, desde Filadelfia, que “es un día oscuro aquí -las ovejas se dispersaron-, y el Señor aún no ha venido” Hiram Edson informó que “nuestras esperanzas y expectativas más preciadas fueron destruidas, y nos sobrevino un espíritu de llanto tan grande como nunca antes había experimentado.
Parecía que no había punto de comparación por la pérdida de todos los amigos terrenales. Lloramos y lloramos, hasta el amanecer”.
Un joven predicador millerita, de nombre Jaime White, escribió: “El chasco, con el paso del tiempo, fue amargo. Los verdaderos creyentes habían sacrificado todo por Cristo, y habían compartido su presencia como nunca antes […]. El amor de Jesús llenaba cada alma […] y con un deseo inexpresable oraban: ‘Ven, Señor Jesús, y ven rápido’. Pero no vino. Y ahora, volver a los cuidados y las perplejidades de la vida, a la vista de las burlas y los denuestos de los incrédulos, que ahora se mofaban como nunca, fue una prueba terrible de fe y paciencia”.
La apertura del libro de Daniel por cierto había sido dulce en la boca, pero amarga en el vientre.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2014
A MENOS QUE OLVIDEMOS
Por: George R. Knight
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