Viernes 27 de junio – Devoción Matutina para Mujeres 2014 – ¡Esconde tu rostro, por favor!

“Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades”. Salmo 51:9.

Era la víspera de una importante reunión de planificación de las líderes del Ministerio de la Mujer de todas las iglesias de la ciudad. No vivía lejos del salón, de manera que me trasladaba en taxi llevando todos los materiales, premios y elementos para el “Té de la Amistad”. En algún momento hice un pacto con el Señor: nunca abordaría un taxi sin llevar material con literatura denominacional para regalar al chofer y a quien se cruzara en mi camino. Era un día colmado de dificultades, y el taxi también llegó tarde. Cargamos todo en el baúl y cuando saludé al taxista, vaya usted a saber por qué motivo, me llené de prejuicios y temía estar ante un hombre “peligroso”. Nunca supe por qué.
Mi mente y mis sentimientos se debatían: ¿Qué hago con el material que tengo en las manos? ¿Dónde lo dejo? ¿Qué hará este hombre con el material? ¿Y si lo tira a la basura? El miedo es traicionero muchas veces. Podría haber filmado una película con todo lo que pasó por mi mente en solo unos minutos. De pronto, en un impulso, tire los libros Señales de esperanza y El Camino a Cristo en el asiento trasero, y temblorosa le dije, de mal modo: “Allí le dejo algo para leer si está aburrido”.
Ya llegábamos a destino y al dar una mirada a los libros, el hombre detuvo el taxi y me dijo: “¿Usted conoce a Elena de White? ¿Sabe usted que Dios le sopló a esa mujer todas sus palabras, porque nadie puede escribir lo que ella escribió? Gracias, gracias, gracias, ya leí el libro de ella El Deseado de todas las gentes”.
Amiga, si puedes ponerte en mi lugar, podrás imaginar mis ojos desorbitados y mi mudez. ¿Cómo no pedirle a Dios: “¡Esconde tu rostro, por favor!”? Elena G. de White dice: “Deberíamos ser la gente más feliz de la tierra, y no pedirle perdón al mundo por ser cristianos” (Mente, carácter y personalidad, t. 2, p. 670). “Si hay alguien que continuamente debe estar agradecido, es el seguidor de Cristo. Si hay alguien que disfruta de un verdadero gozo aun en esta vida es el fiel cristiano” (Nuestra elevada vocación, p. 203). Testifiquemos con verdadera alegría de ser cristianas y compartamos el evangelio sin discriminar. Nosotros sembramos, la cosecha es del Señor.

Mónica Emhart de Wasiuk, Argentina

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2014
DE MUJER A MUJER
Recopilado por: Pilar Calle de Henger
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