Viernes 31 de enero – Devoción Matutina para Menores 2014 — Riquezas más allá de la imaginación

«Todos los días [los de Berea] leían la Biblia para ver si todo lo que les enseñaban era cierto» (Hechos 17: 11, TLA).

El veterano arqueólogo no podía creer lo que le estaba diciendo el submarinista. «Señor, lo hemos encontrado. Ahora sí hemos encontrado el filón de oro». El filón de oro al que se refería emocionado el joven submarinista era el casco del Atocha, un galeón español hundido en la costa, de Cayo Hueso, Florida, Estados Unidos, en 1622.
Los submarinistas acababan de descubrir un tesoro increíble: oro, cofres llenos de valiosas monedas de plata, lingotes de cobre del tamaño de tapas de alcantarilla, joyas con piedras preciosas, y esmeraldas enormes. El valor del hallazgo era incalculable.
El navío sumergido pudo haber sido descubierto mucho antes, ya que estaba a solo unos siete metros de profundidad y en aguas tranquilas. Sin embargo con el paso de los años, se fueron acumulando escombros sobre su casco. Antes de que los submarinistas alcanzaran el tesoro, tuvieron que retirar varias capas de sedal de pesca, anzuelos oxidados y basura arrojada en el lugar por pescadores aficionados. ¡Imagina estar pescando en un pequeño bote a solo siete metros de un valiosísimo tesoro, sin saberlo!
A través del tiempo, «eruditos aficionados» también han nublado las verdades de la Biblia con capas de mentiras y engaños. Estos «pescadores», a menudo sentían frustración cuando sus sedales se trababan en algún texto que no se ajustaba a su manera de pensar. Si hubieran escudriñado un poco más a fondo, habrían descubierto un maravilloso tesoro. Sin embargo, se conformaron con creer lo que querían creer.
Los habitantes de Berea son recordados en la Biblia por su interés en el estudio esmerado de las Escrituras. Ellos las escudriñaban diariamente para descubrir las profundas riquezas de la Palabra de Dios. Se negaban a estudiar las Escrituras superficialmente con la esperanza de encontrar una promesa por aquí o una bendición por allá.
Así como solo los mejores y más experimentados submarinistas fueron contratados para buscar el tesoro escondido del Atocha, nosotros también podemos, con la ayuda del Espíritu Santo, sumergirnos en la Palabra de Dios y descubrir el tesoro que Dios tiene preparado para nosotros. Al igual que los habitantes de Berea, nos enriqueceremos con las infinitas promesas de Dios.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2014
EN LA CIMA
Por: Kay D. Rizzo
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