Viernes 7 de marzo – Devoción Matutina para Menores 2014 —  Una palabra oportuna

«¡Qué grato es hallar la respuesta apropiada, y aún más cuando es oportuna!» (Proverbios 15: 23).

Mi tío Pedro era un hombre alto y delgado, y con muy mal genio. Jamás admitía estar equivocado, y vivía con un enorme resentimiento. Recuerdo el brillo en su mirada cuando comenzaba a echar sus cuentos de cómo les había dicho dos o tres cosas a fulano o a mengano. Sus discursos siempre estaban adornados de frases como: «Yo hice esto», «yo dije aquello», «le formé un lío», o «yo no me iba a dejar someter por él». El tío Pedro siempre tenía preparada una respuesta defensiva o un comentario sarcástico.
Cuando el tío Pedro ya estaba mayor, contrajo una grave enfermedad pulmonar. Fue ahí cuando me di cuenta de los resultados de su eterno mal carácter. A pesar de que él había vivido en la misma comunidad toda su vida, murió solo. Hacía mucho tiempo que su esposa y sus cinco hijos lo habían abandonado. A los pocos amigos que alguna vez pudo tener los había alejado con su lengua viperina y su disfrute en poner a la gente «en su lugar», Solo su hermana — mi mamá— tuvo el gesto de permanecer junto a él hasta el final.
Mi pobre y desdichado tío jamás aprendió que la alegría proviene de expresar palabras positivas oportunas, no palabras negativas regadas como vidrio en el pavimento tras un accidente. Me pregunto cuán diferente habría sido su vida de haber conocido el siguiente secreto para la felicidad:
Las seis palabras más importantes: Admito que he cometido un error.
Las cinco palabras más importantes: Hiciste un muy buen trabajo.
Las cuatro palabras más importantes: ¿Qué piensas de esto?
Las tres palabras más importantes: Yo te amo.
Las dos palabras más importantes: Muchas gracias.
La palabra menos importante: Yo.
El autor Frederick Buechner afirma: «El resentimiento es divertido: lamer nuestras heridas, masticar lo que diremos la próxima vez y saborear el dolor que vamos a infligir es un banquete digno de un rey. El problema es que nos estamos comiendo a nosotros mismos». El tío Pedro estuvo comiéndose a sí mismo hasta devorar completamente su bondad y compasión. Lo único que quedó de él fue un cuerpo arrugado. ¿Cuál es tu menú para hoy?

DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2014
EN LA CIMA
Por: Kay D. Rizzo
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