Viernes 8 de noviembre – Devoción Matutina para Mujeres 2013 – El poder de una sombra

Era tal la multitud de hombres y mujeres, que hasta sacaban a los enfermos a las plazas y los ponían en colchonetas y camillas para que, al pasar Pedro, por lo menos su sombra cayera sobre alguno de ellos. Hechos 5:15

Simplemente la sombra! ¡Sin duda un acto milagroso y sobrenatural! Pero ¿de quién? En realidad, no había poder en Pedro para realizar milagros, ya que él no era más que un hombre. Pero un hombre, puede ser un gran instrumento en las manos de Dios para que él manifieste su poder.
La Biblia dice que la fama de Pedro se extendió a los pueblos vecinos de Jerusalén, desde donde acudían personas que llevaban a sus amigos y parientes enfermos en busca de sanidad. Pedro era tan solo un hombre consagrado que amaba a Dios, y que llegó a convertirse en un canal a través del cual fluían las bendiciones de lo alto. Su sola presencia proveía salud, bienestar y alegría por dondequiera que iba.
La sombra de Pedro encendió una luz de esperanza en la vida de cientos de personas. Es difícil creer que una sombra pueda ser portadora de luz, pero así era en el caso de Pedro. Las sombras por lo general aportan oscuridad. Creo que aquello fue posible gracias a que Pedro colocaba a los enfermos bajo la sombra del Omnipotente. En la Palabra de Dios leemos: “El Señor es quien te cuida, el Señor es tu sombra protectora” (Sal. 121:5).
Dios desea realizar una obra parecida en nuestras vidas. Anhela que nuestra presencia sea una luz, especialmente para aquellos que son presa del dolor y de la enfermedad.
Las actitudes negativas únicamente trasmiten soledad y sombras. No permitamos que eso suceda en nuestras vidas. Para realizar esa obra maravillosa de alumbrar a los demás, es necesario que antes nos coloquemos bajo la sombra Dios, quien anhela utilizarnos como instrumento de sanidad para quienes encontremos en nuestro camino. Comenta Elena de White: “No necesitamos ir a tierras de paganos, ni siquiera dejar el reducido círculo del hogar, si es allí donde está nuestro deber, a fin de trabajar por Cristo. Podemos hacerlo en el seno del hogar, en la iglesia, entre aquellos con quienes nos asociamos y nos relacionamos” (El camino a Cristo, cap. 9, p. 120).
Amiga, Dios te invita a que seas un instrumento de luz. ¿Aceptarás ese desafío?

LECTURAS DEVOCIONALES PARA LA MUJER
ALIENTO PARA CADA DÍA
Por: Erna Alvarado
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