Sábado 15 de diciembre 2018 | Devoción Matutina para Adolescentes | ¡No te ovides de mí!

«Y después de irme y de prepararles un lugar, vendré otra vez para llevarlos conmigo, para que ustedes estén en el mismo lugar en donde yo voy a estar» (Juan 14: 3).

Sabes que tu ciudad es pequeña cuando ir al supermercado te parece una gran aventura. Yo crecí en una ciudad pequeña. A decir verdad, ni siquiera crecí en ella sino en las afueras de ella, en una finca en Oklahoma. Así que cuando era joven, ira la ciudad (con sus respectivas paradas en el supermercado y en McDonald’s) era fascinante (antes de que parezca pueblerina o muy anciana, debo aclarar que no íbamos a la ciudad en una carreta tirada por caballos).

En un viaje navideño al supermercado, mientras escogía con entusiasmo regalos para la bota de la chimenea, sin darme cuenta me alejé de mi madre y me perdí. Ella debe de estar en el siguiente pasillo, pensé de inmediato. Pero no, ella no estaba allí. Seguramente en el siguiente pasillo. Pero tampoco estaba. Cada pasillo que recorría sin encontrarla hacía que aumentaran mis lágrimas y temores. En mi mente infantil, lo único que podía pensar era: ¿Será que se fue a casa sin mí?

Afortunadamente, no tuve que crecer como huérfana en un supermercado. Mi madre finalmente me encontró llorando en el pasillo de los detergentes. Ahora, con la perspectiva de una mujer adulta, puedo ver lo irracional que era pensar que mi mamá había regresado a casa sin mí. Aun con la euforia de la temporada navideña, no podría haberse olvidado de su propia hija. Ella deseaba tanto como yo que estuviera sana y salva en casa.

Jesús vivió el temor de un niño al sentirse abandonado. De hecho, reconoció que los adultos también sentimos ese temor en ocasiones. Cuando estuvo en la tierra, les dijo a sus discípulos que los dejaría durante un tiempo, pues iría a preparar un hogar para ellos. Pero prometió que cuando se fuera, no los olvidaría, y que regresaría a buscarlos (ver Juan 14: 1-6).

Si alguna vez te sientes abandonado y solo, recuerda que Jesús prometió no abandonarte. El está ansioso por volver, por tomarte efusivamente en sus brazos y llevarte a casa con él. Después de todo. Dios no es de esos padres que abandonan a sus hijos en un pasillo del supermercado. Él quiere que estés sano y salvo en casa con él.

Ponlo en práctica: ¿Qué cambio produce en tu vida saber que Jesús pronto volverá por ti?

Ponlo en oración: Agradece a Dios porque Jesús regresará pronto para llevarte al hogar que ha preparado para nosotros en el cielo.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2018

¿Y ENTONCES…?

Heather Quintana

Lecturas Devocionales para Adolescentes 2018

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