Sábado 15 de diciembre 2018 | Devoción Matutina para Adultos | La puerta angosta

«Procuren entrar por la puerta angosta; porque les digo que muchos querrán entrar, y no podrán». Lucas 13: 24, DHH

La puerta al reino de Dios siempre ha estado abierta. Mientras Jesús se encaminaba a Jerusalén, alguien le preguntó: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?» (v. 23), y Jesús contestó con las palabras del versículo de hoy. Por lo tanto, lo primero que necesitamos definir es quién es la puerta.

Cristo dijo: «Yo soy la puerta; el que por mí entre será salvo» (Juan 10: 9). También dijo: «“Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí» (Juan 14:6). Si la entrada al reino es Jesús, necesitamos someternos siempre a su voluntad. Los problemas surgen cuando decidimos seguir nuestras propias inclinaciones por encima de los designios de Dios. Por eso en el Sermón del Monte, Jesús dijo: «Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella, pero angosta es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan» (Mateo 7:13,14).

Hay dos puertas, dos caminos y dos destinos; dos tipos de caminantes, dos tipos de árboles con dos tipos de frutos, dos constructores, dos cimientos y dos casas. Unos nos llevan a Dios, y otros nos alejan de él.

Pablo nos aconseja: «Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad» (Filipenses 2: 12, 13). «¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron» (Hebreos 2: 3).

«Se le concede al hombre una parte en esta gran lucha por la vida eterna: debe responder a la acción del Espíritu Santo. […] No es un ser pasivo que se haya de salvar en la indolencia. Está llamado a esforzar todo músculo y ejercitar toda facultad en la lucha por la inmortalidad; sin embargo, es Dios quién imparte la eficiencia. Ningún ser humano puede salvarse en la indolencia» (Consejos para maestros, padres y alumnos, cap. 53, p. 352).

Esforcémonos con ayuda del Señor y del Espíritu para entrar por esa puerta y alcanzar la vida eterna.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2018

FUENTES DE VIDA

David Javier Pérez

Lecturas devocionales para Adultos 2018

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