Jovenes

El Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan (2 Pedro 3:9).

En 1914, una expedición que dirigía Ernest Shackleton partió de Inglaterra con la esperanza de ser la primera en cruzar el continente antártico. El grupo navegaría hasta el mar de Weddell y atravesaría el continente pasando por el Polo Sur, para reencontrarse en el estrecho de McMurdo.

Llena de esperanzas, la expedición zarpó en el Endurance pero, desde el principio, estaba destinada a fracasar. Témpanos de hielo se cerraron en torno a la embarcación antes de que los exploradores llegaran al continente antártico. Durante nueve meses, el Endurance crujió y gimió bajo la presión del hielo, hasta que se partió en dos. Shackleton y sus hombres estaban en el confín de la tierra, atrapados en un desierto de hielo. Durante cinco meses, los hombres de Shackleton quedaron a la deriva entre inmensas masas de hielo flotante. Entonces, con la ayuda de pequeños botes que habían salvado del Endurance, se dirigieron a la isla Elefante. En aquel desierto de hielo y nieve barrido por el viento no habita ni un roedor. Además, está a 1.300 kilómetros del punto habitado por humanos más cercano, en la isla de Georgia del Sur. Como si eso fuera, lo separa de ella el mar más turbulento del mundo y Shackleton solo tenía un bote ballenero abierto para intentar la travesía.

La pequeña embarcación era la única esperanza de los náufragos. Shackleton zarpó con cinco hombres. Todas sus esperanzas de rescate reposaban en su líder. El viaje en el bote ballenero abierto fue una de las travesías más épicas del siglo XX. A pesar de las monumentales olas con las que tuvo que luchar la pequeña embarcación, recaló en la isla de Georgia del Sur. Sin embargo, la tripulación desembarcó en el lado de la isla opuesto a la estación ballenera británica. Como el mar estaba embravecido, Shackleton decidió intentar la travesía por tierra. Tomó a dos compañeros y dejó a los otros esperándolo soportando las condiciones más extremas. ¿Volvería alguna vez? Ahora eran dos grupos que esperaban. Toda su esperanza estaba puesta en la capacidad del jefe.

Lo mismo ocurre con los cristianos. Esperan a su Señor confiados en su fidelidad y su capacidad. De igual manera, los cristianos tenemos toda nuestra esperanza en el capitán de este barco, Jesucristo nuestro Señor. Su liderazgo es confiable, él vendrá por nosotros. A nosotros nos corresponde aguardar con paciencia y no desesperar. ¿Arde intensamente la llama de la esperanza en tu vida?.

Meditaciones Matinales Jóvenes 2013

¿Sabías que…?

Por: Félix H. Cortez

Visite nuestra web: www.DevocionMatutina.com

(332)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*