NOTAS DE ELENA 2013

Domingo 3 de febrero:

La serpiente era más astuta

En su primera exhibición de desafecto, Satanás fue muy astuto. Solamente afirmaba que lo que quería era lograr un mejor estado de cosas, hacer grandes mejoras. Indujo a la primera pareja a separarse de Dios, a apartarse de su lealtad a los mandamientos divinos, en tomo al mismo punto en que son tentadas y fracasan miles de personas hoy en día; es decir, por medio de sus propios vanos pensamientos. El verdadero conocimiento es de origen divino. Satanás insinuó en las mentes de nuestros primeros padres el deseo por el pensamiento especulativo, por medio del cual declaró que ellos mejorarían su condición grandemente; pero, para lograrlo, deberían seguir por un camino contrario a la santa voluntad de Dios, por cuanto Dios no los conduciría a alturas mayores. No era el propósito de Dios que ellos obtuvieran un conocimiento que se basara en la desobediencia. Satanás procuraba dirigir a Adán y Eva por un campo ancho, y abre hoy ese mismo campo ante el mundo por medio de sus tentaciones (Testimonios para la iglesia, tomo 5, pp. 474, 475).

Satanás tomó la forma de una serpiente y entró en el Edén. Esta era una hermosa criatura alada, y mientras volaba su aspecto era resplandeciente, semejante al oro bruñido. No se arrastraba por el suelo sino que se trasladaba por los aires de lugar en lugar, y comía fruta como el hombre. Satanás se posesionó de la serpiente, se ubicó en el árbol del conocimiento y comenzó a comer de su fruto con despreocupación.

Eva, en un primer momento sin darse cuenta, se separó de su esposo absorbida por sus ocupaciones. Cuando se percató del hecho, tuvo la sensación de que estaba en peligro, pero nuevamente se sintió segura, aunque no estuviera cerca de su esposo. Creía tener sabiduría y fortaleza para reconocer el mal y enfrentarlo. Los ángeles le habían advertido que no lo hiciera. Eva se encontró contemplando el fruto del árbol prohibido con una mezcla de curiosidad y admiración. Vio que el árbol era agradable y razonaba consigo misma acerca de por qué Dios habría prohibido tan decididamente que comieran de su fruto o lo tocaran. Esa era la oportunidad de Satanás. Se dirigió a ella como si fuese capaz de adivinar sus pensamientos: “¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?” Así, con palabras suaves y agradables, y con voz melodiosa, se dirigió a la maravillada Eva, que se sintió sorprendida al verificar que la serpiente hablaba. Ésta alabó la belleza y el extraordinario encanto de Eva, lo que no le resultó desagradable (La historia de la redención, pp. 33, 34).

En las tácticas que puso en juego, Satanás mostró una gran astucia. Asaltó a Cristo en el asunto del apetito, apeló a su confianza en Dios, y le mostró las escenas más cautivantes de la tierra. Pero Cristo no fracasó. Veía un mundo que perecía en el pecado y se sostuvo firmemente en el sendero de la resistencia. Había venido para rescatar al mundo y para buscar y salvar lo que se había perdido.

Cristo pasó por el terreno donde Adán cayó, pero venció en nuestro beneficio. Soportó cada prueba que los seres humanos están llamados a soportar, y enfrentó cada tentación que nosotros estamos llamados a enfrentar. Anduvo por el camino en el que nosotros debemos caminar: “Si alguno quiere venir en pos de mí –dice él– niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Marcos 8:34). Podemos soportar las pruebas y las tentaciones como él lo hizo, dependiendo de Dios y del poder divino en cada paso, y podemos llegar a recibir la corona de conquista­ dores. Nos dice: “Confiad, yo he vencido al mundo”. “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono” (Juan 16:33; Apocalipsis 3:21) (The Bible Echo, 23 de julio, 1900).

 

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