Jovenes

No desvelen ni molesten a mi amada hasta que ella quiera despertar (Cantares 2:7).

En el Cantar de los Cantares se siente la presencia de un amor profundo y sagrado, pero humano. El amor de Cristo se representa en ese amor. Un amor así lo experimentaron el poeta y dramaturgo Robert Browning y la señorita Elizabeth Barret. Tuvieron uno de los romances más famosos en la historia de la literatura. Una vez que Robert volvió de un viaje, se encontró con la sorpresa de que la vieja Inglaterra estaba entusiasmada con la publicación de una nueva edición de los poemas de Elizabeth. Él era un solterón feliz y gran hombre de mundo; la poetisa era de salud delicada y vivía apartada de los ámbitos sociales debido a un padre dominante. En las cartas que se escribieron hay una especie de ternura y propiedad que abrillanta cada página; pero debajo de la superficie, una profunda admiración y la devoción mutua que se profesaban crearon un cálido sentimiento. Pronto él se animó a decirle “Te amo’, y le suplicó que le permitiera visitarla. Ella se negó instintivamente y le advirtió que su poesía era lo mejor que tenía. “Ella tiene todo el color que poseo”, le escribió, “lo que queda de mí no es sino una raíz, apta solo para la tierra y las tinieblas”. Pero el amor persistió y poco a poco Elizabeth cedió.

En su carta del 12 de noviembre de 1845, dijo que desde su infancia había ansiado un amor “irracional”, porque no se creía digna de algún otro tipo de amor. Verse amada por una razón y no por compasión o por admiración a su genio, era “algo entre un sueño y un milagro”, que floreció bajo el brillo del amor de Robert. Este amor entre dos poetas tiene un sabor místico que parece irreal y de otro mundo. Y así es el amor de Dios: maravilloso, grande, incomprensible, pero real. Como Elizabeth Barret, muchos cristianos creen que no tienen atractivos que los hagan dignos de ser amados. Consideran que solamente son aptos para la tierra y las tinieblas. Pero el amor de Dios no es como el de los seres humanos. Él es capaz de amarte a pesar de tu constante rechazo. Está dispuesto a esperar el tiempo que sea necesario. Nada lo detiene en su búsqueda por conquistar tu corazón. Hará todo lo que esté a su alcance para capturar una sonrisa tuya y una mirada de aceptación. ¿Lo aceptarás? ¡Ojalá que esta mañana experimentes ese amor!.

 

Meditaciones Matinales Jóvenes 2013

¿Sabías que…?

Por: Félix H. Cortez

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