Notas de Elena - Libro - Segundo trimestre 2013 - Escuela Sabática

Notas de Elena – Libro – Segundo trimestre 2013 – Escuela Sabática

Un desastre nacional

Solo había un remedio para el castigado Israel, y consistía en que se apartase de los pecados que habían atraído sobre él la mano castigadora del Todopoderoso, y que se volviese al Señor de todo su corazón. Se le había hecho esta promesa: “Si yo cerrare los cielos, que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo; si se humillare mi pueblo, sobre los cuales mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:13, 14). Con el fin de obtener este resultado bienaventurado, Dios continuaba privándolos de rocío y lluvia hasta que se produjese una reforma deci­dida (Profetas y reyes, p. 93).

Dios no puede bendecir a los seres humanos con tierras y rebaños si ellos no usan esas bendiciones para la gloria de Dios. No puede confiar su tesoro a quienes lo utilizarán mal. En un lenguaje simple, Dios les dice a sus hijos lo que requiere de ellos: dar diezmo de todo lo que poseen y ofrendas de lo que se les ha otorgado. Sus bendi­ciones y misericordias han sido abundantes y sistemáticas. Envía la lluvia y el sol para que florezca la vegetación, y mantiene constante el tiempo de la siembra y de la cosecha. La bondad inquebrantable de Dios merece mejor respuesta que la ingratitud y el olvido. Con corazones agradecidos debiéramos retornar a Dios nuestros diezmos y ofrendas; no hay excusa para no hacerlo. Los arreglos y provisiones para esparcir la verdad en el mundo no han sido dejados al azar; por el contrario, Dios coloca sus bienes en las manos de sus siervos para que los manejen equitativamente a fin de que el evangelio pueda ser predicado en el mundo.

El evangelio debe ir hasta lo último de la tierra, y si los creyentes no devuelven el interés que Dios requiere, son siervos infieles. Los misioneros deben ser enviados y la preciosa luz de la verdad que Dios ha permitido que brille sobre nosotros, debe ser difundida, para que las almas tan preciosas como las nuestras puedan ser salvadas. Debe haber provisión tanto para avanzar la causa de Dios como para auxi­liar a los pobres. El Señor dice: “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; Y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos.

“Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos” (Malaquías 3:10-12) (Signs of the Times, 13 de enero, 1890).

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